El espíritu y sus cuerpos de manifestación

¿Qué es el espíritu? ¿Cuál es el origen de los Espíritus? ¿Los Espíritus tienen fin? ¿Qué es el periespíritu?¿Los Espíritus tienen cuerpo?¿Cómo es y cuáles son sus características?

El ser humano se ha preguntado en todas las épocas de la historia cuál es su origen, de dónde viene, si ha de morir o hay algo más allá del umbral de la muerte. Cada uno de nosotros llevamos esas preguntas con nosotros en nuestro interior. Las religiones y  filosofías de toda índole ofrecen respuestas diferentes, desde las que niegan cualquier cosa más allá del cuerpo y la vida física, a los que se adentran con diversas visiones en la realidad trascendente. También Kardec planteó estas grandes cuestiones y los Espíritus Superiores le respondieron y desvelaron una grandiosa visión sobre la realidad del ser humano como Espíritu inmortal.

¿Qué es el espíritu?

Dios es la Causa Primera de todas las cosas y por su voluntad surgen dos principios generales:

  • El principio material: que da origen a la materia.
  • El principio inteligente: que da origen al espíritu.

Dios toma del principio inteligente del Universo para crear cada espíritu individualizado. No sabemos qué es realmente el espíritu. No es concebible para nosotros. No sabemos cual es su naturaleza íntima, aunque sabemos que es diferente del principio material.

23. ¿Qué es el espíritu?
– El principio inteligente del Universo.
23 a. ¿Cuál es su naturaleza íntima?
– Con vuestro lenguaje el espíritu no resulta fácil de analizar. Para vosotros no es nada, porque el espíritu no constituye una cosa palpable. Mas para nosotros es algo. Sabedlo bien: nada es la Nada, y la Nada no existe. (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus).

79. Puesto que dos elementos generales hay en el Universo –el elemento inteligente y el material- ¿se podría afirmar que los Espíritus están formados del elemento inteligente, así como los cuerpos inertes se hallan integrados por el elemento material?
– Es evidente: los Espíritus son la individualización del principio inteligente, del modo que los cuerpos constituyen la individualización del principio material; lo que desconocemos es la época y la manera de esa formación (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus).

A menudo en la obra de Allan Kardec y en otras obras de Espiritismo podemos encontrar la palabra espíritu con el significado de principio inteligente del Universo. Podemos diferenciarlo porque lo encontramos es minúscula, mientras que hallamos la palabra Espíritucon mayúscula para hablar de una entidad espiritual individual.Aunque no podamos analizar qué es el espíritu por la limitación del lenguaje y de nuestra comprensión, sabemos que uno de sus atributos es la inteligencia, que va desarrollando en su evolución, por eso definimos a los Espíritus como a los Seres inteligentes de la Creación.

76. ¿Qué definición se puede dar de los Espíritus?
– Podemos decir que los Espíritus son los Seres inteligentes de la Creación. Pueblan el Universo fuera del mundo material.
Nota: La palabra Espíritu se emplea aquí para designar a las individualidades de los Seres extra-corpóreos y no al elemento inteligente universal. (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus).

 ¿Cuál es el origen de los Espíritus?

Los Espíritus somos obra de Dios, somos su creación. Nuestro origen está en Él, y nuestro camino evolutivo nos acerca a Dios, pero los Espíritus Superiores nos aclaran y recuerdan que no somos Dios. Podemos sentir nuestra naturaleza transcendente y una profunda conexión espiritual, y nuestro camino evolutivo nos hará llegar a una gran perfección espiritual, pero no somos ni seremos Dios en sí, sino sus hijos.El momento y el modo de la creación de los Espíritus continúa siendo un misterio para nosotros. Solo podemos saber que Él nos dio la vida, que fuimos creados por su voluntad.

77. Los Espíritus ¿son Seres distintos de la Divinidad, o bien constituirían tan sólo emanaciones o parcelas de Ella, llamándoseles por tal razón hijos o criaturas de Dios?
– ¡Dios mío! Son su obra, exactamente como un hombre que construye una máquina. Esa máquina es la obra del hombre y no él mismo. Bien sabes que cuando el hombre hace una cosa bella y útil la denomina su criatura o su creación. Pues bien, lo propio acontece con Dios: somos sus hijos, puesto que somos su obra. (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus).

78. Los Espíritus ¿han tenido un principio o existen, como Dios, de toda eternidad?
– Si no hubieran tenido un principio sería iguales a Dios, pero constituyen su creación y se hallan sometidos a su voluntad. Dios existe de toda eternidad, y esto es incontestable, pero en lo que se refiere a saber cuándo y cómo Él nos creó, no sabemos nada al respecto. Puedes decir que no hemos tenido comienzo si entiendes por ello que, siendo Dios eterno, debió crear sin tregua pero cuándo y cómo fue hecho cada uno de nosotros, te lo repito, nadie lo sabe: allí reside el misterio. (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus).

 ¿Los Espíritus tienen fin?

El cuerpo físico muere y se disgrega. Y, ¿qué pasa con el alma o Espíritu? El Espíritu continúa su vida, puesto que es inmortal. Y además conserva su individualidad, es decir, sigue siendo el mismo ser que era antes de la muerte, con autoconciencia e identidad individual. Algunas filosofías mantienen que nuestra identidad se pierde tras la muerte, y que nos integramos en algo mayor, como una gota en el océano. Pero los Espíritus nos dicen que nuestra identidad permanece en el mundo espiritual.

151. ¿Qué pensar de la opinión de que, después de la muerte, el alma vuelve a entrar en el todo universal?
– ¿Acaso el conjunto de los Espíritus no constituye un todo? ¿No son todo un mundo? Cuando te encuentras en una asamblea formas parte integrante de ella, y sin embargo sigues teniendo tu individualidad. (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus).

Esta individualidad permanece siempre. Como Espíritus fuimos creados como seres únicos, y nuestro camino evolutivo continúa, pero siempre conservaremos una identidad única e individual en todo nuestro camino. Esto no debe ser confundido con la realidad de que los Espíritus puedan sentir una conexión profunda entre sí, y hallarse unidos espiritualmente de un modo que mientras estamos en la vida terrena nos es difícil de comprender, puesto que nuestro cuerpo físico de materia densa nos aísla unos de otros y nos insensibiliza en cierto grado, dándonos la sensación de ser seres no solo individuales sino aislados. Esta sensación de aislamiento no permanece en los Espíritus Superiores, por lo que pueden sentirse parte de un todo integrado, pero conservando su individualidad. Esa sensación de conexión también puede sentirse en ciertas experiencias místicas o en experiencias cercanas a la muerte, pareciendo que el ser individual desaparece y se funde en algo mayor, pero el ser individual permanece aunque pueda sentirse además parte de un todo.

El hecho de conservar la individualidad será muy importante para darnos cuenta de que el ser humano tras la muerte no sólo conserva su ser individual y su memoria, sino también sus preferencias y aversiones, sus gustos y los rasgos de su personalidad, que le permiten seguir siendo quién era, más allá de que su punto de vista desde la realidad espiritual le pueda hacer reflexionar sobre sus puntos de vista y pueda variar su opinión en ciertos asuntos.

Esta individualidad permanecerá no solo tras la muerte física, no solo a través de las diferentes existencias de nuestro camino evolutivo, sino que permanecerá para siempre. Los Espíritus de mayor grado evolutivo siguen conservando su individualidad, y también la conservaremos nosotros. A nuestra mente le resulta imposible imaginar el infinito, pero aunque no sea concebible para nosotros, seguiremos existiendo como seres individuales eternamente.

83. Los Espíritus ¿tienen un fin? Se comprende que el principio de que dimanan sea eterno, pero lo que preguntamos es si su individualidad tendrá un término y si en determinado tiempo, más o menos prolongado, el elemento de que están formados no se disgrega y retorna a la masa, como acontece con los cuerpos materiales. Resulta difícil entender que algo que tuvo principio pueda no tener fin.
– Muchas cosas hay que vosotros no comprendéis, por cuanto vuestra inteligencia es limitada, y esa no es una razón para rechazarlas. El niño no comprende todo lo que entiende su padre, ni el ignorante todo lo que comprende el sabio. Te decimos que la existencia de los Espíritus no concluye en modo alguno, y es todo cuanto podemos ahora decir. (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus).

¿Qué es el periespíritu?

La palabra periespíritu fue creada por Kardec, está formada por el término espíritu y el prefijo peri-, que significa ‘alrededor de’, para referirse al cuerpo que está alrededor del espíritu. Los Espíritus hablan a Kardec del periespíritu, y le explican sus características básicas.

93. El Espíritu propiamente dicho ¿se halla descubierto –como algunos pretenden- o está rodeado de una sustancia determinada?
– El Espíritu se encuentra revestido de una sustancia vaporosa para ti, pero todavía muy grosera para nosotros: lo bastante vaporosa, sin embargo, para que pueda elevarse en la atmósfera y transportarse adonde quiera.
Kardec aclara: Así como el germen de un fruto se halla circundado por el periespermo, así también el Espíritu propiamente dicho está rodeado de una envoltura que, por comparación, podemos denominarla periespíritu. (Allan Kardec, El libro de los Espíritus)

 La concepción espiritual tradicional del ser humano afirma que el ser humano está integrado por cuerpo y alma. Los Espíritus ampliaron esa visión y explicaron como realmente estamos formados por espíritu, periespíritu y cuerpo físico.

Es este un tema presente en muchas tradiciones espirituales desde la antigüedad, estos conocimientos han estado con nosotros a lo largo de la historia y ahora es el momento de que salgan a la luz y puedan ser estudiados en profundidad, para que todos seamos conscientes de nuestra verdadera naturaleza espiritual.

 135. ¿Hay en el hombre otra cosa fuera del alma y el cuerpo?
– Existe el vínculo o lazo que une el alma con el cuerpo.
135 a. ¿Cuál es la naturaleza de ese vínculo?
– Semimaterial, esto es, intermedia entre la naturaleza del Espíritu y el cuerpo. Y ello es necesario para que ambos puedan comunicarse el uno con el otro. Mediante ese lazo obra el Espíritu sobre la materia, y viceversa.

Kardec explica: Así pues, el hombre está formado por tres partes esenciales, a saber:
Primera: El cuerpo, o ser material, análogo al de los animales y animado por el mismo principio vital.
Segunda: El alma, Espíritu encarnado cuya habitación es el cuerpo.
Tercera: El principio intermediario, o periespíritu, sustancia semimaterial que sirve de primera envoltura al Espíritu y une el alma con el cuerpo. Tales son, en un fruto, el germen, el periespermo y la corteza. (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus).

¿Los Espíritus tienen cuerpo?

Cuando un Espíritu se manifiesta y se comunica con alguien encarnado, puede observarse con una apariencia semejante a cuando estaba con vida, y fácilmente reconocible para sus seres queridos. Allan Kardec preguntó sobre este punto a los Espíritus Superiores, que le confirmaron que los Espíritus aunque no tengan un cuerpo físico tienen una envoltura de fluido que tiene un aspecto similar al de la última vida.

 150 a. ¿Cómo comprueba el alma su individualidad, puesto que ya no tiene cuerpo material?
– Posee todavía un fluido que le es propio, que toma de la atmósfera de su planeta y que tiene la apariencia de su última encarnación: su periespíritu.(Allan Kardec, El Libro de los Espíritus).

Puede resultar muy chocante pensar en un Espíritu con cuerpo. Solemos imaginar que los Espíritus como algo inmaterial. Pero lo cierto es que los Espíritus nos hablan de que además del cuerpo físico que tenemos durante la vida, tenemos también un cuerpo espiritual, un periespíritu, que conservamos al regresar al mundo espiritual.

El periespíritu, o cuerpo fluídico de los espíritus, es una de las formas más importantes que adopta el fluido cósmico. Constituye la condensación de ese fluido en derredor de un centro de inteligencia o alma. Ya vimos que el cuerpo carnal basa su principio en el mismo fluido transformado y condensado en materia tangible. En el periespíritu, la transformación molecular se opera de otra manera, ya que el fluido conserva su imponderabilidad y sus cualidades etéreas. El periespíritu y el cuerpo carnal se originan en el mismo elemento primitivo: uno y otro son materia, aunque en estados diferentes. (Allan Kardec, El Génesis)

Al igual que el cuerpo físico está formado por materia densa, el periespíritu está formado por materia sutil, y ambos tienen su origen en el fluido cósmico universal. Al igual que el cuerpo físico puede actuar y operar en la realidad física, el periespíritu de materia sutil, actúa y opera en la realidad sutil.

El espíritu, cuya naturaleza íntima es un misterio, necesita en su relación con la realidad material densa y sutil de intermediarios. Por eso los cuerpos son vehículos de manifestación, es decir, instrumentos que le permiten relacionarse con su entorno. Así, el cuerpo denso es para nosotros el instrumento con el que podemos relacionarnos con la materia densa, podemos hacer cosas y transformar la realidad física. De igual modo, el cuerpo sutil es el instrumento con el que el espíritu puede relacionarse y operar en la realidad sutil.

Por su esencia espiritual, el espíritu es un ser indefinido y abstracto que no puede ejercer una acción directa sobre la materia. Necesitaba, pues, de un intermediario, y este intermediario es la envoltura fluídica que, en cierta forma, es parte integrante del espíritu y oficia de eslabón. (Allan Kardec, El Génesis)

 Durante la vida física el periespíritu es el eslabón de unión entre el espíritu y la materia densa. Existe una estrecha unión del Espíritu al cuerpo físico, a través del periespíritu. Todas las impresiones físicas y sensaciones del cuerpo físico son transmitidas al espíritu a través del periespíritu. Y todos los pensamientos y la voluntad que nacen en el espíritu se trasladan a través del periespíritu al cuerpo físico.

Esto es muy importante para concebir nuestra realidad como un ser integrado, aunque disponemos de varios cuerpos o vehículos de manifestación, todos ellos son uno. Están integrados y relacionados íntimamente. No es posible aislarlos. Todo lo que afecta a uno de ellos, tiene repercusiones inmediatas en los otros. De modo que cualquier desequilibrio en uno, también afecta al resto. Esto es el la clave para comprender al ser humano como un todo e influye profundamente en la concepción de la salud integral física-emocional-espiritual del ser humano.

El espíritu y sus vehículos de manifestación

Debemos aclarar que periespíritu es el término que los Espíritus utilizan de modo general, y que en obras posteriores irán completando y detallando esta visión explicando que el periespíritu está formado por un conjunto de cuerpos espirituales, cada uno con características propias. Los Espíritus han ido poco a poco completando nuestro conocimiento, y a través de las obras espirituales posteriores nos han ido ampliando la información disponible sobre los cuerpos sutiles del ser humano, principalmente gracias al Espíritu André Luiz y de las obras Entre la Tierra y el Cielo y Evolución en dos mundos, psicografiadas por Chico Xavier.

El cuerpo etérico

 También llamado doble etérico, es el cuerpo del fluido o la energía vital, que impregna la materia densa y le da vida. (Para saber más sobre el fluido vital ver el tema anterior).

Sirve de unión entre el cuerpo físico denso y el cuerpo astral. El vínculo que une el cuerpo etérico y el cuerpo astral es el cordón de plata.

 El cuerpo astral

El cuerpo astral tiene una biología similar al cuerpo físico. Es decir, también tiene órganos diferenciados formados por células sutiles que realizan funciones diferenciadas. El hecho de que los Espíritus tengan el mismo aspecto que cuando tenían un cuerpo denso, es porque el cuerpo astral es utilizado como matriz o modelo organizador biológico para el cuerpo físico y sirve como plano o base para la organización de las células y de los órganos en el cuerpo. La biología física se basa en el modelo del cuerpo astral. En el momento de volver a nacer, la generación de un nuevo cuerpo físico sigue el modelo del cuerpo astral de la persona que va a renacer. Y también en el proceso de constante renovación celular del cuerpo físico a lo largo de su existencia.

André Luiz nos explica la existencia de los centros de fuerza, conocidos en la tradición oriental con la palabra chakras. Los 7 centros principales son el coronario, frontal, laríngeo, cardiaco, umbilical, esplénico y el básico o genésico. Estos centros son lugares de recepción, almacenamiento y redistribución de la energía espiritual.

“Como conocéis, nuestro cuerpo de materia menos densa está íntimamente regido por siete centros de fuerza, que se conjugan en las ramificaciones de los plexos y que, vibrando en sintonía unos con los otros, al influjo del poder directriz de la mente, establecen, para nuestro uso, un vehículo de células eléctricas, que podemos definir como un campo electromagnético, en el cual el pensamiento vibra en circuito cerrado.” (Chico Xavier, Espíritu André Luiz, Entre el Cielo y la Tierra).

El vínculo que une el cuerpo etérico y el cuerpo astral es el cordón de oro.

La mayoría de la información sobre el periespíritu que Kardec analiza en sus obras se refiere al cuerpo astral.

El cuerpo mental

Es la sede de la mente extrafísica y de la memoria espiritual. Todas nuestras experiencias a lo largo de nuestro camino evolutivo y las diferentes vidas del pasado están almacenadas en Él. Las sensaciones y recuerdos que son almacenadas en lo que llamamos subconsciente, permanecen perfectamente registradas en el periespíritu, de donde emanan y regresan al consciente cuando el Espíritu está preparado y es necesario para su camino de evolución, a través de intuiciones, sueños o en algunas terapias espirituales.

La anatomía sutil del ser humano

Con toda esta información sobre nuestra anatomía sutil surge una concepción y visión de nosotros mismos. Somos un espíritu inmortal, y además del cuerpo físico disponemos de otros cuerpos de manifestación. Somos seres multidimensionales. Todos los cuerpos, tanto el cuerpo de materia física como los cuerpos de materia sutil, son vehículos de manifestación para nosotros, cada uno en su nivel vibratorio. Disponemos de un conjunto de cuerpos que están activos y cumpliendo sus funciones ahora mismo, sea cual sea nuestro nivel de percepción sobre ellos. Y a lo largo de nuestro camino de evolución, a medida que avanzamos y crecemos espiritualmente, nuestros cuerpos sutiles van al mismo tiempo evolucionando y perfeccionándose también.

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La materia prima universal y la vida

¿Qué es la materia? ¿Cuál es la materia prima universal? ¿Qué es la realidad sutil espiritual?¿Qué es la vida? ¿Qué es el fluido vital?

 Los Espíritus Superiores nos hablan de Dios como “la Inteligencia Suprema, Causa primera de todas las cosas”. Es decir, que Dios es la causa de todo lo que existe. Toda la creación es fruto de la voluntad de Dios.

38. ¿Cómo creó Dios el Universo?
– Para valerme de una expresión corriente: por su voluntad. Nada expresa mejor esa todopoderosa voluntad como las bellas palabras del Génesis: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”. (Allan Kardec, El libro de los Espíritus)

Dios es la Causa primera y por su voluntad surgen dos principios generales:

  • El principio inteligente: que da origen al espíritu.
  • El principio material: que da origen a la materia.

De estos dos elementos surge todo lo que existe.

27. De esta manera, ¿habría, pues, dos elementos generales del Universo: materia y espíritu?
Sí, y por encima de todo ello está Dios, el Creador y Padre de todo. Esas tres cosas constituyen el principio de cuanto existe, la trinidad universal.
(Allan Kardec, El libro de los Espíritus)

¿Qué es la materia?

De forma cotidiana consideramos materia a todo lo que ocupa un espacio, se puede medir, y cambia en el tiempo. Esta materia forma la realidad material objetiva, es decir, la realidad que podemos percibir todas las personas, por medio de nuestros sentidos y por medio de la técnica. Así, nuestro concepto cotidiano de materia y nuestro concepto de la realidad está fuertemente relacionado con lo que podemos captar con nuestros sentidos corporales.

 22. Por lo general, se define la materia como aquello que posee extensión, lo que puede impresionar nuestros sentidos y lo que es impenetrable. ¿Son exactas tales definiciones?
– Desde vuestro punto de vista ello es exacto, porque no habláis sino conforme a lo que conocéis. Pero la materia existe en estados que os son desconocidos. Puede ser, por ejemplo, tan etérea y sutil que no produzca ninguna impresión sobre vuestro sentidos. Sin embargo, sigue siendo materia, aunque para vosotros no lo sea.
(Allan Kardec, El libro de los Espíritus).

Actualmente, sin embargo, los nuevos descubrimientos de la física nos hacen reflexionar sobre lo que hasta ahora aceptábamos como realidad y como materia, y nos obligan a replantearnos nuestras concepciones anteriores sobre la materia.

La teoría de la relatividad de Einstein afirma que la materia es energía altamente condensada. Es decir, que la materia como tal no existe, todo en el universo es energía. La física cuántica estudia las partículas subatómicas y puede observar cómo vibran, así un electrón vibra más o menos quinientos billones de veces por segundo, y concluye que la materia es energía en un estado vibracional bajo. El universo no está hecho de cosas sino de redes de energía vibratoria, y detrás de esta energía está la “energía de fondo” o la “fuente originaria” que está más allá de los conceptos que podamos comprender, que es anterior a todo lo que existe y que está fuera del espacio-tiempo. Así que la materia es energía vibrando bajo y viene de una fuente común de lo que sale todo la materia que existe.

¿Cuál es esa materia prima universal?

Mucho antes de que Einstein publicara su teoría de la relatividad y de los posteriores estudios de la física cuántica, Allan Kardec había preguntado a los Espíritus sobre la naturaleza de la materia y sus respuestas están recogidas en su obra.

Los Espíritus explican como toda la creación tiene origen en el “fluido cósmico universal” o “materia cósmica primitiva”, y a través de las modificaciones de este fluido cósmico surgen toda la variedad de sustancias y materia que existe.

El fluido cósmico universal es la materia elemental primitiva y sus modificaciones y transformaciones constituyen la gran variedad de los cuerpos de la Naturaleza. (Allan Kardec, El Génesis)

Hay un fluido etéreo que llena el espacio y penetra a los cuerpos. Este fluido es el éter o materia cósmica primitiva, generador del mundo y de los seres. (Allan Kardec, El Génesis)

 El fluido cósmico primitivo llena el Universo y penetra todo lo que existe como un inmenso océano. El fluido cósmico universal se transforma en la materia densa, en todo lo que vemos en el Universo. La materia no es más que fluido cósmico universal en un estado denso. Ese estado es transitorio, y la materia densa puede volver a convertirse otra vez en fluido cósmico universal y volver a su estado primitivo. Al reflexionar sobre esto podemos darnos cuenta de que los conceptos que tenemos de la realidad física y sólida no son más que construcciones mentales que los seres humanos nos hemos elaborando basándonos en nuestras observaciones, pero que la realidad no es como nos la habíamos imaginado.

 Ese fluido cósmico que llena el Universo tan generosamente en las regiones inmensas, ricas en cúmulos estelares. Ese fluido de distinto grado de condensación que puebla el cielo sideral que no brilla aún y está modificado, en mayor o menor medida, por combinaciones diversas según las localizaciones de la extensión, es la sustancia primitiva en la que radican las fuerzas universales de las que la Naturaleza ha obtenido todas las cosas (Allan Kardec, El Génesis)

La realidad sutil espiritual

El fluido cósmico puede presentarse en su estado normal o bien transformarse en materia tangible. Esta transformación se hace de modo gradual y podemos encontrar fluido cósmico en otros estados intermedios antes de llegar a la materia densa: como la materia sutil y los fluidos sutiles. La materia densa forma nuestro mundo material, mientras que la materia y los fluidos sutiles forman el mundo de los Espíritus. La materia densa puede ser medida y estudiada por la ciencia. La materia y fluidos sutiles todavía no pueden ser observados, aunque es probable que en un futuro cercano podamos hacerlo, y que cambie nuestra concepción del mundo.

Los elementos fluídicos del mundo espiritual escapan a los instrumentos de análisis y a la percepción de nuestros sentidos, adecuados para la materia tangible y no para la etérea. Hay algunos que pertenecen a un medio tan diferente del nuestro, que sólo los podemos juzgar mediante comparaciones imperfectas como las que haría un ciego de nacimiento para definir los colores. (Allan Kardec, El Génesis)

Esta materia y fluidos sutiles forman el mundo invisible de los Espíritus. Aunque para nosotros todo ese mundo permanece normalmente fuera del rango perceptible por los sentidos físicos del cuerpo humano, para los Espíritus forma su mundo natural y cotidiano. Para ellos esta es su realidad, tan real y física como lo es para nosotros la nuestra. Y en esta realidad viven.

 La materia sutil se organiza y se presenta para los Espíritus como la materia densa para nosotros, tangible y ponderable, y también la pueden manejar, utilizar o construir cosas con ella. Pueden así tener un mundo que se asemeja en muchos aspectos al mundo físico. Los fluidos sutiles son también parecidos a los fluidos densos. Si pensamos en los fluidos que conocemos, como el agua o el aire, o cualquier otro líquido o gas, podemos hacernos una idea clara de cómo hay fluidos parecidos a estos pero más sutiles.

Todo es relativo: esos fluidos poseen para los espíritus, seres fluídicos ellos mismos, una la apariencia tan material como los objetos tangibles para los encarnados, es decir, son para ellos lo que para nosotros las sustancias del mundo terrestre. Ellos los elaboran y combinan para producir determinados efectos, tal cual hacen los hombres con sus materiales, aunque mediante procedimientos distintos. (Allan Kardec, El Génesis)

 Por último es importante señalar que la realidad sutil, compuesta por la materia sutil y los fluidos sutiles no forman un mundo aparte, alejado del nuestro, en otro lugar. La realidad sutil está aquí y ahora, ínter penetrando nuestra realidad, pero vibrando a una velocidad mayor. Aquí y ahora, vivimos en la realidad densa y sutil a la vez. Ambas están presentes aunque solo podamos acceder a través de nuestros sentidos a una franja de esa realidad, a la parte más densa que perciben nuestros sentidos físicos.

Comprendamos mejor a la Naturaleza. Sepamos que la eternidad está detrás y delante de nosotros y que el espacio es el teatro de una sucesión y una simultaneidad inimaginables de creaciones. (Allan Kardec, El Génesis)

¿Qué es la vida?

La materia  se organiza en seres orgánicos e inorgánicos según posean una cualidad única: la vida. Los seres orgánicos nacen, crecen, se relacionan, se reproducen y mueren. Las plantas, los animales y los seres humanos compartimos esta cualidad que nos hace estar vivos. ¿Qué es la vida? ¿Qué es lo que da vida a la materia?

Definir qué es la vida es muy complejo y el concepto ha ido cambiando con el avance de las ciencias y de la biología. El diccionario de la RAE la define como: “Fuerza o actividad interna sustancial, mediante la que obra el ser que la posee”. La biología actual define la vida como un estado o una configuración de la energía. Este estado de la energía, que es una cualidad de la materia viva, permite que el ser vivo se vincule con un campo de energía, donde pueden capturar energía del ambiente, para usarla en su crecimiento, reproducción y evolución. Es decir, que la vida es un estado de la energía que tienen los seres vivos y no los inertes.

Allan Kardec preguntó a los Espíritus Superiores por la naturaleza de la vida, y los Espíritus le responden que la vida surge de la acción de un “agente” sobre la materia. A este agente lo llaman “fluido vital”, un fluido que contiene y transmite la “vida”, y que surge también del fluido cósmico universal.

 ¿Qué es el fluido vital?

63. El principio vital ¿reside en un agente particular, o no es sino una propiedad de la materia organizada? En pocas palabras: ¿es un efecto o una causa?
– Es lo uno y lo otro. La vida es un efecto producido por la acción de un agente sobre la materia. Ese agente, sin la materia, no constituye la vida, así como la materia no puede hallarse viva sin dicho agente. Éste comunica la vida a todos los seres que lo absorben y se lo asimilan.

64. Hemos visto que espíritu y materia son dos elementos constitutivos del Universo. En tal caso ¿el principio vital será un tercero?
– Es, a no dudarlo, uno de los elementos necesarios a la constitución del Universo, pero a su vez tiene su origen en la materia universal modificada. Para vosotros es un elemento, del modo que lo son el oxígeno y el hidrógeno, los cuales, sin embargo, no constituyen elementos primitivos, porque todos ellos proceden de un mismo principio.
(Allan Kardec, El libro de los Espíritus)

 Al decir que las plantas y los animales están formados por los mismos principios que constituyen los minerales, debemos entenderlo en el sentido estrictamente material: sólo se trata del cuerpo.
Sin hablar del principio inteligente, que es un tema aparte, hay en la materia orgánica un principio especial, intangible, aún no estudiado, llamado principio vital. Este principio es activo en el ser vivo, pero parece extinguido cuando el ser muere. Sin embargo, él otorga a la sustancia propiedades características que la distinguen de la sustancia inorgánica.
(Allan Kardec, El Génesis)

Los Espíritus Superiores nos explican que el fluido cósmico universal contiene:

  • El principio material que da lugar a la materia.
  • El principio vital que da lugar al fluido vital.

Este fluido vital se une a la materia y le da vida. Todos los seres vivos están impregnados de este fluido vital, también llamado fluido magnético. Este fluido es conocido en otras tradiciones filosóficas o religiosas, como el qi o chi de la cultura tradicional china, o el prana del mundo hindú.

Los seres vivos nacen con una cantidad de fluido vital suficiente para su vida. No todos lo tienen en el mismo grado, algunos tienen fluido vital abundante mientras otros tienen apenas el suficiente para vivir. Cuanto más fluido vital, mayor es la vitalidad. El fluido vital se va gastando con la actividad a lo largo de los años, cuando se agota el fluido vital, también la vida se agota. Vivir de una forma desordenada malgasta el fluido vital rápidamente, aunque una parte la podemos recuperar extrayéndola de los alimentos y el aire.

 «La cantidad de fluido vital se agota y puede llegar a ser insuficiente para el mantenimiento, si no se renueva por la absorción y asimilación de las substancias que lo contienen. El fluido vital se transmite de un individuo a otro. El que tiene más puede dar al que tiene menos y en ciertos casos restituir la vida que está próxima a concluir».
(Allan Kardec, El libro de los Espíritus)

 Existe un intercambio natural de fluido vital entre los seres vivos, de modo que los que tienen más pueden dar de su fluido vital a los que tienen menos. Este intercambio se produce de manera natural o espontánea, de forma que, por ejemplo, personas sanas dan de su fluido vital a personas enfermas que lo toman de modo inconsciente, o jóvenes o niños lo aportan a ancianos. Este intercambio es habitual. También puede darse el intercambio de modo consciente y deliberado, cuando una persona dona a propósito su fluido vital a otra que lo necesite. Esta es la base de los sanadores naturales que donando su propio fluido pueden lograr la recuperación de los pacientes.

El estudio moderno del fluido vital o magnético, comenzó con Antón Mesmer en el s.XVIII, y se le llamó “magnetismo animal” o “mesmerismo”, y ha sido continuado por el Espiritismo, que ha profundizado sus usos terapéuticos siguiendo el ejemplo del mayor sanador, Jesús.

 

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El Amor de Dios

¿Cómo es Dios? Si Dios es justo y bueno, ¿por qué pasan cosas malas? ¿Se interesa Dios por cada uno de nosotros? ¿Cómo nos ayuda?

Cuando hablamos de Dios no solo reflexionamos en si existe o no, sino que también nos preguntamos cómo es. A lo largo de la historia de los pueblos la imagen de Dios ha ido cambiando, y cada religión ha tenido dioses con cualidades diferentes. Algunos han tenido un Dios severo y cruel, otros un Dios egoísta o caprichoso. Poco a poco, la humanidad ha ido acercándose a un Dios justo y bueno, un Dios todo perfección. ¿Qué nos dicen los Espíritus sobre esto?

13. Cuando decimos que Dios es eterno e infinito, inmutable e inmaterial, único y todopoderoso, soberanamente justo y bueno, ¿no tenemos una idea completa de sus atributos?
– Desde vuestro punto de vista, sí, porque vosotros creéis abarcarlo todo. Pero sabed que hay cosas por encima de la inteligencia del más inteligente de los hombres, y para esas cosas vuestro lenguaje, que se limita a vuestras ideas y sensaciones, no posee expresiones. La razón os dice, en efecto, que Dios debe poseer esas perfecciones en el grado supremo, porque si careciera de una sola de ellas, o bien no la poseyese en grado infinito, no sería superior a todo y, en consecuencia, tampoco habría de ser Dios. Para estar por encima de la totalidad de las cosas, Dios no debe ninguna vicisitud y no ha de tener ninguna de las imperfecciones que la imaginación puede concebir. (Allan Kardec, El libro de los Espíritus)

No podemos comprender cómo es Dios porque está más allá de nuestra capacidad como seres humanos. Pero sí podemos tener una idea de cómo es a través de nuestra razón. Kardec reflexiona sobre la respuesta anterior de los Espíritus y añade la siguiente conclusión:

  • Dios es eterno: Si hubiera tenido principio, habría surgido de la nada, o bien hubiera sido creado por un ser anterior a Él. Así, poco a poco, nos remontamos hasta lo infinito y la eternidad.
  • Es inmutable: Si Él se hallara sujeto a mudanzas, las leyes que rigen el Universo no poseerían ninguna estabilidad.
  • Es inmaterial: Vale decir, que su naturaleza difiere de todo lo que llamamos materia. De lo contrario no sería inmutable, debido a que se encontraría sujeto a las transformaciones de la materia.
  • Es único: Si hubiera varios dioses, no existiría ni unidad de propósitos ni unidad de poder en la ordenación del Universo.
  • Es todopoderoso: Porque es único. Si no poseyera el soberano poder habría algo más poderoso que Él o tan poderoso como Él. No hubiera creado la totalidad de las cosas, y aquellas que Él no hubiese hecho serían obras de otro dios.
  • Es soberanamente justo y bueno: La providencial sabiduría de las leyes divinas se pone de relieve así en las cosas más pequeñas como en las más grandes, y esa sabiduría no permite dudar ni de su justicia ni de su bondad.
    (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus)

Si Dios es justo y bueno, ¿por qué pasan cosas malas?

Muchas personas se plantean que aunque Dios exista, quizá es un dios lejano, que no se acuerda de la gente o quizá un dios despreocupado por los sufrimientos de las personas. ¿Cómo podemos hablar de un Dios bueno cuando ocurren tantas cosas malas? ¿Si Dios existe por qué no acaba con el mal?

El mal y el sufrimiento son parte de nuestro camino de crecimiento y aprendizaje. Para evitarnos el dolor Dios tendría que habernos creado sin el libre albedrío, para que no pudiésemos alejarnos del camino del bien, si nos hubiera creado siendo perfectos no tendríamos que aprender nada. Pero tampoco seríamos libres, puesto que al crearnos perfectos por naturaleza no podríamos elegir, no seríamos libres ni habría aprendizaje. Solo podemos ser libres si tenemos la posibilidad de equivocarnos y la posibilidad de aprender por nosotros mismos en libertad.

Dios nos creó imperfectos y libres para ir aprendiendo a distinguir el bien del mal, e ir acercándonos a él poco a poco, cada uno según su libre albedrío. En nuestro interior tenemos nuestra conciencia para guiarnos en nuestro proceso de crecimiento.

 Si el hombre hubiese sido creado perfecto se inclinaría fatalmente hacia el bien. Pero en virtud de su libre albedrío, no es conducido premeditadamente ni hacia el bien ni hacia el mal. Dios quiso que estuviese sujeto a la ley del progreso y que fuese el resultado de su propio trabajo, para que sea suyo el mérito del bien realizado y la responsabilidad del mal cometido por su propia voluntad. (Allan Kardec, La Génesis)

125. “¿Dios creó el mal?” Dios no creó el mal; estableció leyes, y esas leyes son siempre buenas, porque Él es soberanamente bueno. El que las observase fielmente sería completamente feliz; pero teniendo los espíritus su libre albedrío, no las han obedecido siempre, y la infracción de estas leyes ha causado el mal para ellos.

127. “¿Cuál es el origen del bien y del mal sobre la Tierra, y por qué hay más mal que bien?” El origen del mal sobre la Tierra proviene de la imperfección de los Espíritus en ella encarnados, y el predominio del mal tiene por origen el que, siendo la Tierra un mundo inferior, la mayoría de los espíritus que la habitan son inferiores o han progresado poco. En los mundos más avanzados, en los cuales sólo espíritus depurados son admitidos a encarnarse, el mal es desconocido, o en minoría.

128. “¿Cuál es la causa de los males que afligen a la Humanidad?” La Tierra puede ser considerada a la vez como un mundo de educación para espíritus poco adelantados, y de expiación para espíritus culpables. Los males de la humanidad son la consecuencia de la inferioridad moral de la mayoría de los espíritus encarnados en la Tierra. Con el contacto de sus vicios, se hacen recíprocamente desgraciados y se castigan unos a otros.
(Allan Kardec, ¿Qué es el Espiritismo?)

Muchas veces el dolor será consecuencia de nuestras decisiones en nuestro camino evolutivo, o de las decisiones de las personas que nos rodean y que también están creciendo y aprendiendo con nosotros. Otras veces el dolor llega de modo imprevisto. Nos sobrecogen las noticias sobre desastres naturales o desgracias que no podemos prevenir. La Humanidad está en una fase de aprendizaje de la que el dolor todavía forma parte. El dolor es un estímulo para nosotros, nos hace reflexionar sobre nuestras decisiones y nos enseña a seguir el camino del bien, nos recuerda qué es lo importante en la vida, y nos despierta para que llevemos nuestra atención a la vida espiritual.

Nada es por azar, no existe la casualidad ni la mala suerte. Todo tiene una causa y un porqué, todo tiene sentido, también el dolor que hay en nuestras vidas. Todo lo que nos ocurre es parte de nuestro proceso de crecimiento y aprendizaje. A medida que vamos evolucionando, el dolor va desapareciendo de nuestras vidas. Llegará un momento en que la Humanidad superará esta etapa de aprendizaje y podrá continuar su evolución sin dolor. Ya no será necesario seguir sufriendo porque habremos aprendido a crecer de otros modos, a crecer juntos siguiendo el camino del amor.

Existen dos mecanismos eficaces para el progreso: el amor que sabe y el dolor que impulsa. Mediante el amor que se ilumina con conocimientos liberadores, el Espíritu crece hacia Dios. Cuando este recurso tarda en aparecer o es dejado al margen, el dolor anida en el hombre y, aunque éste resista su presencia, lo domina, lo educa y eleva. Recibe tu aguijón en la “carne del alma” y avanza, haciéndolo menos doloroso mediante la resignación y el bien que de él emana.
(“El Aguijón” Espíritu Juana de Ángelis, Divaldo Pereira Franco, Momentos de Alegría)

¿Se interesa Dios por cada uno de nosotros? ¿Cómo nos ayuda?

 A veces nos preguntamos cómo es posible que Dios pueda saber de nosotros, una persona entre miles de millones en un planeta entre miles de millones en el Universo. Dios nos conoce, sabe de nuestra vida, conoce nuestros sentimientos y necesidades porque estamos unidos íntimamente con Él, vivimos en la presencia de Dios. Nosotros estamos en Él y Él está en nosotros.

Ya sea que el pensamiento de Dios actúe directamente o por intermedio de un fluido, para facilitar las cosas vamos a representarlo bajo la forma concreta de un fluido inteligente que llena el Universo infinito y penetra todas las cosas de la Creación: la Naturaleza entera está sumergida en el fluido divino, o, en virtud del principio que establece que las partes de un todo son de la misma naturaleza y tiene iguales propiedades que el conjunto, cada átomo de ese fluido, si se puede explicarlo así, posee el pensamiento y los atributos esenciales de la Divinidad. Dicho fluido está por doquier y todo está sujeto a su accionar inteligente, a su previsión, a su solicitud, pues todos los seres, por más pequeños que sean, están saturados de él. Estamos constantemente en presencia de Dios. No podemos sustraer a su mirada ni una sola de nuestras acciones y nuestro pensamiento está en contacto incesante con el suyo. De ahí que se diga que Dios está en lo más recóndito de nuestro corazón. Nosotros estamos en Él, como Él está en nosotros, según la palabra de Cristo.
Dios no necesita mirarnos desde lo alto para extender su cuidado sobre nosotros. Para que Él escuche nuestras plegarias no es necesario atravesar el Espacio ni orar en voz alta, ya que Él está a nuestro lado y nuestros pensamientos repercuten en Él. (Allan Kardec, La Génesis)

Dios sabe lo que necesitamos en nuestro camino de evolución espiritual. A veces no es lo que nosotros esperamos y pedimos, porque a menudo permanecemos centrados en nuestra vida física actual. Siempre recibimos y llega a nuestra vida aquello que necesitamos para aprender y evolucionar espiritualmente. Esta ayuda no siempre es evidente, no aparece en nuestra vida de modo espectacular o milagroso, sino que llega a nosotros de modo sutil, quizá como una idea, quizá un consejo de algún amigo o algo que nos ocurre aparentemente por casualidad. Pero su ayuda siempre está presente.

Pongamos un ejemplo: Un hombre se ha perdido en el desierto y sufre una sed horrible; siéntese desfallecer y se deja caer en el suelo; ruega a Dios que le asista, y espera; pero ningún ángel viene a traerle agua. Sin embargo, un buen espíritu le ha “sugerido” el pensamiento de levantarse, seguir uno de los senderos que se presentan ante él, y entonces por un movimiento maquinal, se reviste de ánimo, se levanta y marcha a la ventura. Llega a una colina, descubre lejos un arroyuelo, y a esta vista, recobra ánimo. Si tiene fe, exclamará: “Gracias, Dios mío, por el pensamiento que me habéis inspirado y por la fuerza que me habéis dado”. Si no tiene fe, dirá: “¡Qué buen pensamiento he tenido! ¡Qué suerte haber tomado el camino de la derecha más bien que el de la izquierda! la casualidad, verdaderamente, nos sirve bien algunas veces. ¡Cuánto me felicito por mi valor en no dejarme abatir!”
Pero dirán algunos: “¿por qué el buen espíritu no le dijo bien claro, sigue esta senda, y al extremo encontrarás lo que te hace falta? ¿Por qué no se le ha manifestado, para guiarle y sostenerle en su abatimiento? De este modo le hubiera convencido de la intervención de la Providencia”. En primer lugar sucede así para enseñarle que debe ayudarse a sí mismo y hacer uso de sus propias fuerzas, y luego, por tal incertidumbre, Dios pone a prueba la confianza que en El se tiene, así como la sumisión a su voluntad.
Ese hombre estaba en la situación de un niño que cae, y si ve a alguno, grita y espera que le vayan a levantar; si no ve a nadie, hace esfuerzos y se levanta solo. (Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo)

 El Amor de Dios

Estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente ni lo futuro, ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús, nuestro Señor!” (Carta de San Pablo a los Romanos 8:38-39)

Jesús nos enseñó a ver en Dios no solo como a nuestro Creador, sino a verlo como Nuestro Padre. Nos enseñó que todos nosotros somos sus Hijos, que nos ama tiernamente y nos cuida como cualquier padre a sus hijos. Y siguiendo el ejemplo de Jesús, los Espíritus elevados nos recuerdan esas mismas enseñanzas, hablándonos del amor de Dios en nuestras vidas. En nuestro interior, Su Luz y Su Amor están presentes, Él nos nutre y sostiene con Su Amor.

Más allá de creer en su existencia, nuestro camino espiritual comienza con este encuentro íntimo con el Amor de Dios. Busquemos esa relación cercana y personal con Él, acerquémonos a Nuestro Padre, a través de la reflexión, la meditación sosegada, la oración, a través de las bendiciones y alegrías de nuestras vidas, y también en los momentos difíciles. Busquemos crear un espacio dentro de nosotros para sentir el Amor del Padre.

El Dios interior

Algunos avanzados científicos presentan ecuaciones complejas que parecen prescindir de Dios en el acto de creación del Universo, y hablan de la Gran Explosión, para dar cuenta de su origen. Con todo, no explican los fenómenos que la precedieron.
Diversos estudiosos Lo definen como la “fuerza que mueve al electrón”, y penetran en el mundo subatómico para intentar exponerlo como efecto de la ignorancia cultural de quienes no estudiaron las partículas elementales, perdidas en el área de las concepciones audaces.
Habrá quien Lo desdeñe, al descubrir las imperfecciones que detecta en el Cosmos y en la vida.
No obstante, Dios los sobrevive a todos y comanda Su Obra.

*

Jesús Lo llamó, sin atavío alguno, “Padre”.
Otros maestros Lo denominaron “Creador no Creado”.
Einstein optó por un “Poder pensante y actuante fuera del Universo”.
Juan el Evangelista Lo definió como el “Amor”.
Como quiera que Lo llamemos: “Alma de al Naturaleza” o “Acaso”, “Matemática Trascendente” o “Fuerza Cósmica Inmanente-Trascendente”, Dios es la Fuerza Eterna Generadora de Vida, que nos creó y espera por nosotros.

 *

Cuando Allan Kardec interrogó a los Guías de la Humanidad acerca de “qué es Dios”, esos Nobles Mentores le respondieron: “Dios es la Inteligencia Suprema, Causa Primera de todas las cosas”.

 *

Medita sobre tu pequeñez y tu fragilidad.
Considera tu mente y tus sentimientos.
Interrógate acerca de tus aspiraciones y necesidades.
Cuestiona la transitoriedad de tu vida física.
Reflexiona respecto a la celeridad con que el tiempo se desvanece en el reloj de las horas.
Piensa en el amor y procura sentirlo.
Entrégate al bien, al prójimo, e inevitablemente encontrarás a Dios dentro de ti, que pulsa, ama y te conduce rumbo a la plenitud.
Cálmate y déjate llevar por Él.

(Dictado por Juana de Angelis, Divaldo Pereira Franco, Momentos de Alegría)

 

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¿Qué es Dios?

¿Existe Dios? ¿Hay pruebas de su existencia? ¿Podemos comprender a Dios? ¿Al morir vemos a Dios? ¿El Universo es Dios? ¿Nosotros somos Dios?

En nuestros días es habitual que nos pregunten si creemos en Dios. Muchas personas se plantean si en un mundo moderno y con tantos problemas como el nuestro queda espacio para Dios. Muchos se preguntan por su silencio ante el dolor y el sufrimiento que podemos ver en la humanidad. Otros piden pruebas materiales de su existencia para poder creer en Él.

Incluso en el ámbito de la búsqueda espiritual encontramos muchos entornos que nos hablan de nuestra vida interior pero evitan el tema de Dios, prefiriendo una Espiritualidad al margen de una idea de un Ser Superior.

Sin embargo, el Espiritismo tiene puesta su mirada en Dios. Allan Kardec colocó al principio de «El Libro de los Espíritus», un capítulo entero que habla de Dios por ser un tema crucial. Solo entendiendo qué es Dios para el Espiritismo podemos entender la Doctrina Espírita, entender las enseñanzas que los Espíritus nos traen, entender quiénes somos nosotros, cuál es el sentido de nuestra vida y por qué estamos aquí.  Los Espíritus nos hablan de Dios en sus mensajes y nos aclaran que la finalidad de sus enseñanzas es ponernos en el camino que nos conduce hacia Él.

 ¿Qué es Dios?

Esta es la primera pregunta que Allan Kardec recoge en El libro de los Espíritus, lo que nos recuerda su importancia. Kardec desea preguntar a los Espíritus por Dios, y quiere hacer una pregunta neutra, que no tenga prejuicios ni ideas preconcebidas, para que la respuesta no esté condicionada y la respuesta pueda ser más abierta y libre. Por eso no pregunta “¿Quién es Dios?”, sino “¿Qué es Dios?”.

 1. ¿Qué es Dios?
«Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas».

La respuesta de los Espíritus nos señala la esencia de lo que se llama “Dios”. Estas palabras nos sirven en la Doctrina Espírita como base en nuestro acercamiento a “Dios”: la Inteligencia Suprema, que es la causa de todo lo que existe.

Cuando decimos “Dios”, muchas ideas asociadas y recibidas vienen a nuestra mente. A lo largo de nuestra vida nos han llegado muchas ideas y definiciones y hasta hemos visto imágenes de Dios. Algunas personas rechazan la idea de Dios y se alejan de ella porque en el pasado han recibido una imagen de Él que no compartían y sienten rechazo por esas ideas. Para poder ahora profundizar sobre este tema, tenemos que reflexionar sobre cuáles son estas ideas que tenemos interiorizadas e intentar conocerlas. Debemos plantearnos qué idea de Dios hemos recibido, y si están presentes prejuicios o ideas inculcadas que nos hayan alejado de Él. Si es así, necesitamos volver a conocer a Dios. Abrir nuestra mente y nuestro corazón y entablar una nueva relación con Él.

Todo nuestro mundo actual y moderno necesita volverse otra vez a Dios. No a las ideas que se han quedado pequeñas o anticuadas. La humanidad más evolucionada necesita una idea de Dios también más evolucionada: la Inteligencia Suprema, causa de todo.

 ¿Hay pruebas de la existencia de Dios?

 El método científico que ha traído muchos avances a la ciencia y a nuestra sociedad es ahora un sistema que se utiliza no solo en el entorno de la ciencia. También queremos ver, tocar, medir, pesar la realidad para comprenderla antes de darle nuestro visto bueno. Y también queremos examinar a Dios de ese modo. Lamentablemente el método científico no resulta adecuado. La realidad de Dios no es una realidad que podamos medir con nuestros aparatos ni medios técnicos.

A lo largo de la historia de la humanidad los pueblos se han hecho ideas sobre Dios que estaban relacionadas con sus ideas del mundo. Muchos creen ahora que como los pueblos del pasado creían en un Dios que “vivía” en el cielo, el descubrir la realidad del cielo, del espacio o del universo sin haber “encontrado” allí a Dios, podemos concluir que no existe.

Sin embargo, Dios no es una realidad de nuestro Universo físico, y por tanto, no es comprobable mediante ningún aparato de medición, ni se puede encontrar a través de experimentos. La ciencia ha desmontado la idea pequeña que en el pasado se presentaba de Dios. Debemos plantearnos que la realidad de Dios es trascendente a esta realidad física, y siempre estará fuera del alcance de la ciencia o de las investigaciones técnicas.

Allan Kardec preguntó a los Espíritus donde podemos encontrar “pruebas” de la existencia de Dios. Los Espíritus le responden:

4. ¿Dónde puede encontrarse la prueba de la existencia de Dios?
«En el axioma que aplicáis a vuestras ciencias: no hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre y vuestra razón os contestará».
Para creer en Dios, basta pasear la vista por las obras de la creación. El universo existe; luego tiene una causa. Dudar de la existencia de Dios equivaldría a negar que todo efecto procede de una causa y sentar que la nada ha podido hacer algo. (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus)

A medida que la ciencia va conociendo más del universo, se nos plantean más y más preguntas. Cuando preguntamos a la ciencia “¿Qué había en el origen? ¿Qué había antes de todo, antes de que empezara todo? ¿Y por qué empezó todo? ¿Qué hay fuera del espacio-tiempo?”, la ciencia no puede responder. Estas preguntas están en el límite de la ciencia, y se adentran en el campo de la filosofía. Si seguimos el camino de la ciencia estas preguntas simplemente se quedan sin respuesta. Son preguntas que ahora mismo la ciencia no puede responder.

Muchos encuentran la respuesta al origen en el azar. Ha sido la casualidad la que ha combinado las circunstancias para que por azar se organizase todo el universo y surgiese la vida.

 8. ¿Qué pensar de la opinión que atribuye la formación primera a una combinación fortuita de la materia: dicho de otro modo, al azar?
Respuesta: ¡Otro absurdo! ¿Qué hombre de buen sentido puede considerar al azar como un ser inteligente? Por otra parte, ¿qué es el azar? Nada.
Comentario de Kardec: La armonía que rige las fuerzas del Universo muestra combinaciones y miras determinadas y, por lo mismo, revela un poder inteligente. Atribuir la formación primero al azar sería una falta de sentido, por cuanto la casualidad es ciega y no puede producir los efectos de la inteligencia. Un azar inteligente dejaría de ser tal. (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus)

 ¿Podemos comprender a Dios?

Mucha gente dice que no cree en Dios porque si existiese se manifestaría de alguna manera evidente para nuestros sentidos o nos daríamos cuenta de su existencia porque haría algo evidente para nosotros. Pero los Espíritus nos dicen que la naturaleza de Dios está más allá de nuestra realidad cotidiana. Nuestro nivel de evolución, nuestra comprensión y nuestra percepción como seres humanos nos impiden por el momento “ver” o “comprender” a Dios.

 10. ¿Puede el hombre comprender la naturaleza íntima de Dios?
«No, no puede; y éste es uno de los sentidos que le falta aún».
11. ¿Será dado al hombre algún día comprender el misterio de la Divinidad?
«Cuando su espíritu no esté ya ofuscado por la materia y cuando, por medio de su perfección, se haya aproximado a Dios, lo verá y lo comprenderá».(Allan Kardec, El Libro de los Espíritus)

 Al morir, ¿vemos a Dios?

Algunas personas creen que tras la muerte nuestra relación con Dios será más cercana y que podremos acceder a Él de un modo que mientras vivimos no podemos. Pero en el mundo espiritual la realidad de Dios solo es accesible para los Espíritus más evolucionados. A medida que evolucionamos nos vamos acercando más a Él.

 140. “¿El alma desprendida del cuerpo ve a Dios?” Las facultades perceptivas del alma son proporcionadas a su depuración; sólo a las almas elevadas es dado gozar de la presencia de Dios. (Allan Kardec, ¿Qué es el Espiritismo?)

141. “Si Dios está en todas partes, ¿Por qué todos los espíritus no le pueden ver?” Dios está en todas partes, porque irradia en todas partes, y puede decirse que el Universo está sumergido en la divinidad como nosotros lo estamos en la luz solar; pero, los espíritus rezagados están cercados de una especie de neblina que lo oculta a sus ojos y sólo se disipa a medida que se purifican y se desmaterializan. Los espíritus inferiores son, en cuanto a la vista, respecto a Dios, lo que los encarnados respecto a los espíritus: verdaderos ciegos. . (Allan Kardec, ¿Qué es el Espiritismo?)

¿El Universo es Dios? ¿Nosotros somos Dios?

Pero si Dios existe, ¿qué puede ser? Algunas personas piensan que Dios sí existe, y que todo lo que vemos es Dios: las plantas, los animales, el mar, el viento, y también las estrellas y planetas, y también nosotros, cada ser humano sería Dios. Así, el Universo y Dios serían lo mismo, todo lo que existe sería Dios y Dios sería todo lo que existe. Esta filosofía o creencia se llama panteísmo, que quiere decir: todo es Dios.

Esta concepción panteísta es diferente a lo que nos enseñan los Espíritus. Los Espíritus nos dicen que Dios es una realidad trascendente. Dios es el creador de todo lo que existe, todo lo que existe es obra de Dios, pero no es Dios.

La inteligencia de Dios se revela en su obra, como la del pintor en su cuadro; pero las obras de Dios, no son el mismo Dios, como el cuadro no es el pintor que lo concibió y ejecutó. (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus)

A veces podemos sentirnos en conexión con la naturaleza y con el planeta, sentirnos que formamos parte de todo y estamos unidos con el Universo y en comunión con Dios. Algunas personas pueden pensar que esta sensación significa que todo forma parte de Dios, que todo es Dios. Sin embargo, sentirse uno con Dios y con el Universo no quiere decir que sean lo mismo. Dios está en unión con su creación, y su creación está unida a Dios.

 Dios está en todas partes, porque irradia en todas partes, y puede decirse que el Universo está sumergido en la divinidad como nosotros lo estamos en la luz solar” (Allan Kardec, ¿Qué es el Espiritismo?)

Dios está en todos los sitios de la Naturaleza, como el espíritu se encuentra en todo el cuerpo. Todos los elementos de la Creación están en contacto constante con Él, como todas las células del cuerpo humano están en contacto inmediato con el espíritu. (Quinemant. Sociedad Pariniense de Estudios Espíritas, 1867.)(Allan Kardec, La Génesis)

14. ¿Es Dios un ser distinto o sería, según la opinión de algunos, la resultante de todas las fuerzas e inteligencias del Universo reunidas?
Si así fuese, Dios no existiría, por cuanto sería efecto y no causa. Y no puede ser a la vez uno y otra.
Dios existe, y no podéis dudar de ello. Esto es lo esencial. Creedme, no vayáis más allá. No os internéis en un laberinto del que no podríais salir. Esto no os haría mejores, sino quizá un tanto más orgullosos, debido a que creeríais saber y en rigor de verdad nada sabríais. Así pues, dejad a un lado todas esas indagaciones. Bastantes cosas tenéis que os tocan más directamente. Estudiad vuestras propias imperfecciones a fin de desembarazaros de ellas: esto os resultará más útil que querer penetrar lo impenetrable. (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus)

Los Espíritus nos invitan a ser conscientes de que existe un límite a nuestro entendimiento de Dios. No podemos tener respuesta a todas nuestras dudas. Intentar explicarlo y ponerle etiquetas sería un error. La realidad última de Dios siempre será un misterio para cada uno de nosotros.

Nuestra razón se empequeñece forzosamente ante estos problemas insondables. Dios existe. No dudamos un solo instante de ello. Es infinitamente justo y bueno: ésa es su esencia. Su acción todo lo abarca, lo comprendemos. No desea más que nuestro bien, por eso debemos confiar en Él: eso es lo principal. El resto puede esperar hasta que seamos dignos de comprenderlo. (Allan Kardec, El Génesis)

Nuestra mente no puede acercarnos a Dios. Pero podemos buscarle con el corazón, podemos acercarnos a Él y encontrar que es un Dios que nos ama y que cuida de nosotros. Un Dios que es Nuestro Padre.

Dios y el hombre
Solo hay un Dios Único y Verdadero, Causa sin causa del Universo. Sustenta la vida y se expresa en todas partes, sin humanizarse jamás. La condición de humanidad es la vía de acceso a las Cimas Gloriosas, de las que Él no necesita. Inaccesible al entendimiento de la criatura, por ser el Todo que jamás se fragmenta, es el Incomparable Pensamiento generador de todo. Omnipresente y omnipotente, se encuentra en todas partes como fuerza aglutinadora de moléculas, y cualquier intento de comprenderlo, como de definirlo, representa una forma de limitarLO, quitándoLE la grandeza inimaginable. Por esto, el culto que Le debemos ha de ser en “espíritu y verdad”, respeto y amor, no pronunciando Su nombre en vano, ni con el pretexto de fijar el pensamiento en Su realidad.
(Momentos de meditación, Espíritu Juana de Angelis por Divaldo Pereira Franco)

Una inteligencia divina rige los mundos. En ella se identifica la ley, ley inmanente, eterna y reguladora a la que los seres y las cosas están sometidos.
Del mismo modo que el hombre bajo su envoltura material, sin cesar renovada, conserva su identidad espiritual, su yo indestructible, esa conciencia en la que se reconoce y se posee, del mismo modo el Universo, bajo sus apariencias cambiantes, se posee y se refleja en una unidad viviente que es su Yo. El yo del Universo es Dios, unidad suprema donde convergen y se armonizan todas las relaciones, núcleo inmenso de luz y de perfección de donde irradian para esparcirse sobre todas las humanidades la Justicia, la Sabiduría y el Amor. (León Denis, Después de la Muerte)

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Introducción: ¿Qué es el Espiritismo?

¿Qué es Espiritismo y qué no lo es?¿Qué podemos encontrar en un Centro Espírita? ¿Es el Espiritismo una religión? ¿Hay que estudiar el Espiritismo?

¿Existe la vida después de la muerte? ¿Entramos en otra dimensión u otro nivel de existencia una vez que concluye nuestra vida física? ¿Nos reunimos con nuestros familiares y amigos fallecidos? ¿Pueden comunicarse con nosotros nuestros seres queridos tras morir?

Con estas preguntas iniciábamos el curso. Hasta ahora hemos empezado con una introducción para situar la doctrina espírita, para saber cómo comenzó y cuál es su historia. Y también para conocer cuáles son los temas fundamentales de los que habla.

¿Qué hemos visto hasta ahora?

La facultad de comunicarse con el más allá es una capacidad inherente al ser humano. Siempre ha existido la comunicación entre el plano físico y el plano espiritual. Los planos espirituales elevados guían la evolución espiritual de la humanidad y utilizaron la facultad mediúmnica para comunicar sus enseñanzas espirituales. Allan Kardec las recopiló en sus libros, que son la base de la doctrina espírita. El Espiritismo es la Doctrina de los Espíritus.

La Mediumnidad y la Doctrina de los Espíritus no son lo mismo:

La mediumnidad es la facultad de ser un medio, un “médium”, entre el mundo espiritual y nosotros. Hay médiums que tienen la facultad mediúmnica pero que no siguen la doctrina espírita.

El Espiritismo es la doctrina que incluye el estudio de la facultad de la mediumnidad, de las prácticas mediúmnicas, pero también es toda la filosofía y todos los conocimientos que se han obtenido a través de las prácticas mediúmnicas. Hay espíritas que no son médiums o que no participan en prácticas mediúmnicas pero que estudian y siguen la filosofía espírita de las obras de Allan Kardec y de sus seguidores.

Las prácticas mediúmnicas o el ejercicio de la mediumnidad pueden realizarse siguiendo a Allan Kardec o no. Hay prácticas mediúmnicas que no son espíritas porque no siguen la línea de Allan Kardec.

Los puntos básicos que resumen la enseñanza de los Espíritus

  •  La Existencia de Dios.
  • Nuestra verdadera naturaleza es espiritual. Somos Espíritus Inmortales, creados por Dios.
  • Los Espíritus nos enseñan que el ser humano va atravesando numerosas existencias que le sirven de aprendizaje y de medio de perfeccionamiento moral y espiritual. La vida es un camino de evolución, una escuela en la que aprendemos.
  • Nos explican que somos libres para tomar nuestras decisiones, tenemos libre albedrío, pero tendremos que asumir las consecuencias de nuestras decisiones, por la ley de causa y efecto.
  • Los Espíritus nos muestran la realidad de la comunicación entre los dos planos.
  • Otros orbes también están habitados al igual que la Tierra, tanto en el plano físico como en el plano espiritual. En todos los planetas se sigue el mismo camino de evolución.
  • El Espiritismo es cristiano porque sigue la moral cristiana, la moral que Jesús enseñó y vivió. El Espiritismo sigue a Jesús y a su Evangelio.

Que no es el Espiritismo

 Con todo lo que hemos explicado nos podemos hacer una idea de lo que es el Espiritismo, pero queremos además insistir en diferenciarlo de otras muchas prácticas a las que se ha dado en llamar espiritismo de un modo general, y que no tienen nada que ver con la Doctrina Espírita.

El Espiritismo no es:

  •  No es hacer ouija
  • No es hacer rituales para invocar espíritus
  • No es utilizar a los espíritus para que nos resuelvan nuestros problemas de la vida física: aprobar un examen, encontrar trabajo…
  • No es que los Espíritus o médiums te adivinan el futuro
  • No es que los médiums te lean el aura
  • No es organizar contactos con un ser querido fallecido
  • No es hacer consultas con los Espíritus
  • No es un oficio por el que se cobre dinero
  • No es una secta

¿Qué es el Espiritismo?

Allan Kardec escribe:

El Espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica.
Como ciencia práctica, consiste en las relaciones que pueden establecer con los espíritus; como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones.
Podemos definirlo así: El Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus, y de sus relaciones con el mundo corporal.
(Allan Kardec, Qué es el Espiritismo)

Que podemos encontrar en un centro espírita

  • Conferencias y clases de estudio de la Doctrina Espírita.
  • Educación y práctica de la mediumnidad, para que los médiums puedan conocer su facultad, desarrollarla y utilizarla siguiendo los principios y objetivos espíritas.
  •  Orientación espiritual  para todos los que necesiten apoyo o asesoramiento personalizado.
  •  Terapias que usan los fluidos para beneficiar la salud, como el pase espírita, en el que se reciben fluidos o energías preparados por los Espíritus benefactores que nos equilibran.

El centro espírita es un lugar en el que conocer y profundizar en el Espiritismo, y en esa labor cuenta con la presencia espiritual benéfica de los Espíritus que apoyan estos fines. Su presencia caracteriza a los centros espíritas, que aporta armonía al ambiente y lo protege con su vibración de amor y de paz.

El Centro Espírita es mucho más que la casa física que le sirve de sede. Transciende a las paredes, a los muros que lo circundan y al techo que lo cubre. En verdad, el Centro Espírita es un complejo espiritual en que se trabaja en los dos planos de la vida, el físico y el extrafísico, y con las dos humanidades, la de los encarnados y la de los desencarnados.
(Suely Caldas Schubert, “Dimensões Espirituais do Centro Espírita”)

¿En qué nos puede ayudar el Espiritismo?

Nos ayuda a ver la vida diferente, a tener otra perspectiva con la que tener otras prioridades y tomar otras decisiones, nos ayuda a conocernos a nosotros y nos da consuelo y esperanza para el futuro.

 ¿Para qué sirve el estudio del Espiritismo?
Evidencia la existencia del mundo espiritual, constituido por las almas de los que vivieron, de lo que resulta la prueba de la existencia del alma y su supervivencia del cuerpo (…)
La certeza de la vida futura y de sus consecuencias cambia totalmente el orden de las ideas y hace ver las cosas bajo otro aspecto. Es la rasgadura de un velo que cubría un horizonte inmenso y espléndido.
(Allan Kardec, Qué es el Espiritismo)

¿El Espiritismo es una religión?

 El Espiritismo es una doctrina filosófica que tiene consecuencias religiosas como toda filosofía espiritualista, y por esto mismo toca forzosamente las bases fundamentales de todas las religiones: Dios, el alma y la vida futura; pero no es una religión constituida, dado que no tiene culto, rito ni templo, y que entre sus adeptos ninguno ha tomado ni recibido título de ningún tipo. El Espiritismo no posee dogmas, ni cultos, ni ritos, ni ceremonias, ni jerarquías; no pide, ni admite ninguna fe ciega, quiere que todo sea comprendido. Está basado, pues, en principios independientes de toda cuestión dogmática. El Espiritismo no es por tanto una religión porque no hay una palabra para expresar dos ideas diferentes, y que, en la opinión general, la palabra religión es inseparable de culto, despierta exclusivamente una idea que el Espiritismo no tiene. No teniendo el Espiritismo ninguno de los caracteres de una religión en la acepción usual del vocablo, no podía ni debía adornarse con un título sobre cuyo valor inevitablemente se habría equivocado. Es por esto por lo que simplemente se dice doctrina filosófica y moral. No obstante sus consecuencias morales están implícitamente en el Cristianismo, porque es la moral que recomiendan los espíritus, y la más alta expresión de caridad y amor al prójimo que encontramos.
(Allan Kardec, Qué es el Espiritismo)

 “Me interesan estos temas. Quiero saber más”

Si queréis saber cuáles son los temas que vamos a tratar podéis verlo en el Índice de nuestro curso.

Si os interesa y queréis saber más, os animamos a que comencéis la lectura de los libros de Kardec. Podéis encontrarlos en la zona de descargas en la página de la Federación Espirita Española.

Para aquellos que se adentran en el estudio, el Espiritismo alcanza una gran profundidad filosófica y abarca muchos temas. El estudio os permitirá una comprensión mayor de todas las cuestiones espirituales.

“Tengo muchas preguntas, pero ¿hay que estudiar el Espiritismo?”

Si todavía no conoces la doctrina de los Espíritus, naturalmente desearás una primera aproximación. A menudo tenemos muchas preguntas e interrogantes que tiene respuesta en el estudio en profundidad del Espiritismo. Pero no siempre es fácil encontrar el momento y la energía para esa tarea. En este blog damos una visión general de los temas principales del Espiritismo y la respuesta a las dudas y preguntas más habituales.

Pero a menudo muchos temas no pueden ser desarrollados apropiadamente de una forma breve, y pueden surgir temas mal comprendidos, lagunas en nuestro aprendizaje, contradicciones o errores en la interpretación, y puede ser que nos hagamos una idea equivocada de algunas cuestiones espíritas que son sutiles o complejas.

En estos casos, el estudio en más profundidad nos aclarará todas estas dudas y nos traerá más luz a las cuestiones más difíciles.

Los Espíritus nos recuerdan la importancia del estudio. El espíritu Emmanuel nos dice: “Recuerda que, en Doctrina Espirita, es preciso estudiar y aprender, entender y explicar.”
El Espíritu de VERDAD en la Codificación afirma: “¡Espiritas! Amaos, he aquí el primer mandamiento; instruíos, he aquí el segundo.”

“Me dan miedo estos temas”

 El miedo a la muerte es algo natural y generalizado entre los seres humanos. Todo lo relacionado con la muerte, los Espíritus y la vida más allá puede provocarnos recelo o aprensión.

En el miedo a la muerte hay otros miedos: al dolor, al sufrimiento, a lo desconocido…Todos estos miedos se han convertido en tradiciones, mitos, creencias y supersticiones que se han transmitido de generación en generación.

Toda nuestra cultura está cargada con todos esos miedos, que continúan en la actualidad, por ejemplo, en películas y novelas de terror, que en vez de ayudarnos a vivir, acrecientan nuestros temores.

Si nos acercamos a estos temas con naturalidad, podremos observar estos hechos más objetivamente y con más claridad. El estudio nos trae luz, elimina supersticiones y prejuicios. Así nuestro temor da paso al conocimiento y la comprensión, y podemos abrirnos a la riqueza y el consuelo espiritual.

“Algunas cosas me gustan, pero con otras no estoy de acuerdo”

El Espiritismo nos habla de muchos aspectos diferentes y toca muchos temas. Es posible que algunos estén más cerca de nuestra sensibilidad o interés mientras que otros nos resulten lejanos, indiferentes o incluso chocantes o raros.

Podemos acercarnos primeramente a los temas que más nos llamen la atención, y aprender más de ellos. Podemos simplemente leer los temas que nos gusten menos o nos resulten más difíciles o extraños, para conocer cuál es el contenido y qué nos dicen los Espíritus sobre ese asunto, porque todos los temas de la doctrina están relacionados entre sí, y la lectura de cada uno nos ayuda a comprender mejor el resto. Después podemos profundizar en los que más nos interesen, y tomar del Espiritismo aquello que nos ayude en este momento concreto en nuestra vida.

No se trata de aceptar dogmas o verdades de forma autómata o forzada. Se trata de que nos acerquemos a estos temas siempre desde la razón, con criterio, manteniendo nuestra actitud crítica y nuestra prudencia.

Creciendo con el Espiritismo

Los Espíritus nos traen esta información para que reflexionemos sobre nuestra vida. Para que nos demos cuenta de la realidad espiritual, para que abramos nuestros ojos a estos temas y nos ayuden en nuestras vidas. Para que podamos construir nuestras vidas sobre valores elevados, para nuestro autoconocimiento, para nuestro camino de búsqueda interior.

La luz espiritual que los Espíritus quieren mostrarnos, es la guía para nuestra evolución personal y para la evolución de toda la humanidad. Porque los Espíritus y sus enseñanzas buscan que nos transformemos, y con nuestro cambio interior, el cambio de toda la humanidad.

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Los principios básicos de la Doctrina Espírita (II) El Espiritismo cristiano

¿Quién es Jesús para los espíritas? ¿Qué significa el Evangelio?¿Por qué sigue el Espiritismo la moral cristiana?¿Qué es el Espiritismo cristiano? ¿Cuál es la misión del Espiritismo? ¿Por qué se llama al Espiritismo el Consolador Prometido?

Al profundizar en el conocimiento de la Doctrina Espírita y en sus principios básicos comprendemos que su carácter y esencia es cristiano.

Siguiendo a Jesús

En el Libro de los Espíritus podemos encontrar una de las preguntas más importantes que Kardec realizó a los Espíritus:

 Pregunta 625. ¿Cuál ha sido el arquetipo más perfecto que Dios haya otorgado al hombre para servirle de guía y modelo?
– Ved a Jesús.

Comentario de Allan Kardec: Es Jesús para el hombre el arquetipo de la perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la Tierra. Dios nos lo ofrece como el modelo más perfecto, y la doctrina que ha enseñado es la más pura expresión de su ley, porque estaba animado del Espíritu divino y fue el Ser más puro que haya aparecido en la Tierra.

Los Espíritus nos enseñan que todos somos hermanos en proceso de evolución. Pero, ¿cómo saber a quién seguir como modelo? Jesús es la respuesta. Por eso los espíritas seguimos a Jesús como a nuestro Maestro y Señor.

La moral cristiana

El Espiritismo sigue a Jesús como guía y también sigue su Evangelio. La moral que Jesús nos enseñó y que recogen los Evangelios es la enseñanza más sublime para el ser humano. El Espiritismo nos permite comprender mejor estas enseñanzas, y también comprender mejor a Jesús.

El Espiritismo, lejos de negar o destruir el Evangelio, llega para confirmarlo, explicarlo y desarrollarlo, ayudado por las nuevas leyes naturales que revela. Clarifica los puntos oscuros de la doctrina de Cristo, de manera que para quienes no entendían o resultaban inadmisibles ciertos pasajes del Evangelio ahora podrán comprenderlos y admitirlos gracias al Espiritismo. Sabrán mejor su alcance y diferenciarán lo real de lo alegórico. Cristo les parecerá más grande: ya no será para ellos un simple filósofo, sino el Mesías divino. (Allan Kardec, El Génesis)

Estudiar y conocer el Espiritismo nos ayuda a interiorizar y vivir el Evangelio. Los Espíritus nos explican cómo las decisiones morales que tomaron en su vida, cómo el bien o el mal que realizaron, han tenido consecuencias en su vida espiritual. Así, comprendemos mejor las palabras de Jesús y nos resulta más fácil seguir sus enseñanzas en nuestra vida.

 El Espiritismo posee, además un poder moralizador incalculable en razón de la finalidad que asigna a todas las acciones de la vida y de las consecuencias que nos demuestra respecto a la práctica del bien y del alma. Asimismo nos brinda, en los momentos penosos, gracias a una inalterable confianza en el futuro, fuerza moral, valor y consuelo. El poder moralizador está, también, en la fe de saber que tenemos cerca de nosotros a los seres que hemos amado, la seguridad de reencontrarlos y la posibilidad de relacionarnos con ellos. En resumen: la certeza de que todo lo que hemos hecho o adquirido en inteligencia, conocimientos o moral, hasta el último día de nuestras vidas, no se perderá, nos ayudará a progresar. (Allan Kardec, El Génesis)

El Espiritismo cristiano

El Espiritismo es en su esencia cristiano porque la moral que enseña no es sino el desarrollo y la aplicación de la moral de Cristo, la más pura de todas y cuya superioridad nadie discute, lo que constituye una prueba contundente de que está en la ley de Dios y la moral es para todo el mundo. (Allan Kardec, El Espiritismo en su más simple expresión)

El Espiritismo es cristiano porque sigue la moral cristiana, la moral que Jesús enseñó y vivió. Todas las nuevas enseñanzas que los Espíritus nos dan nos sirven para comprender mejor las enseñanzas de Jesús y comprender mejor la moral cristiana.

Lo que la enseñanza de los espíritus agrega a la moral de Cristo es el conocimiento de los principios que unen a los vivos con los muertos y, asimismo, completa los rasgos vagos que Aquél había dado acerca del alma, de su pasado y su porvenir y prueba, además, que su doctrina se basa en las leyes de la Naturaleza. Con la ayuda del Espiritismo y los Espíritus, el hombre comprende la solidaridad que entrelaza a los seres. La caridad y la fraternidad se convierten en necesidades sociales. Se hace por convicción lo que antes se hacía sólo por deber y, así, todo resulta mejor. (Allan Kardec, El Génesis).

Orad, entonces, de manera que los demás puedan decir al veros, que el verdadero espírita y el cristiano verdadero son una sola y misma cosa, porque todos los que ponen en práctica la caridad son discípulos de Jesús, sea cual fuere el culto al que pertenezcan. (Pablo, apóstol. París, 1860, El Evangelio según el Espiritismo).

¿Cuál es la misión del Espiritismo?

El Espiritismo llega a un ser humano lleno de problemas y desafíos. La vida en la Tierra es para nosotros un reto, muchas veces lleno de dolor. El Espiritismo tiene como misión ayudar al hombre a encontrar un camino y un sentido espiritual a su vida. Para que el ser humano pueda mirar más allá de esta vida material, y pueda alcanzar otros conocimientos y otra vida más elevada, como Espíritu inmortal en evolución.

El Espiritismo tiene como objetivo volver a vivir el Cristianismo puro siguiendo fielmente las enseñanzas de Jesús, explicando con claridad estas enseñanzas espirituales para que podamos comprenderlas y así nuestra fe se base en la razón. El Espiritismo quiere la transformación del ser humano en un ser de bien y de paz y ayudar a la renovación y al progreso espiritual de toda la humanidad.

Por eso no se puede entender el Espiritismo si le quitamos su parte moral. Cuando solo nos fijamos en los fenómenos o en la mediumnidad, nos perdemos la parte más importante y esencial, la luz espiritual que los Espíritus quieren mostrarnos, la guía para nuestra evolución personal y para la evolución de toda la humanidad.

 Así como Cristo dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley (…) no he venido para abrogar, sino para cumplir”, de igual modo afirma el Espiritismo: “No vengo a destruir la ley cristiana, sino a cumplirla”. Porque él no enseña nada que sea contrario a lo que Cristo enseñó, sino que desarrolla, completa y explica en términos claros para todo el mundo aquello que sólo se había dicho bajo formas alegóricas. El Espiritismo viene a realizar, en los tiempos predichos, lo que Jesús había anunciado, y a preparar el cumplimiento de las cosas futuras. En consecuencia, es la obra de Cristo, que Él mismo preside, así como preside lo que también anunció: la regeneración que se está operando y que prepara el advenimiento del reino de Dios sobre la Tierra. (Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo).

La revelación espírita

 Revelar tiene su origen en el vocablo latino revelare. Su raíz, velum, significa velo. Literalmente, significa: salir debajo del velo, y en su sentido figurado: descubrir, hacer conocer una cosa secreta o desconocida. Las revelaciones nos desvelan la información sobre la vida espiritual a la que el ser humano no tiene acceso. Estas revelaciones le muestran la verdad espiritual.

 Una revelación importante tiene lugar en nuestra época: la que nos revela la posibilidad de comunicarnos con los seres del mundo espiritual. (…)
El hecho de poder establecer comunicación con los seres del mundo espiritual trae consigo consecuencias de la mayor gravedad: es un mundo nuevo que se nos revela, un acontecimiento de la mayor importancia, puesto que ese mundo nos espera a todos, sin excepción. Ese conocimiento, al generalizarse, ocasionará profundas modificaciones en los hábitos, el carácter, las costumbres y las creencias, todo lo cual tiene una influencia enorme sobre las relaciones sociales. Es una revolución total que habrá de operarse en las ideas, revolución tanto mayor y poderosa ya que no está circunscrita a un pueblo o a una casta determinada, sino que abarca simultáneamente el alma de todas las clases, nacionalidades y cultos.
Es con razón, pues, que el Espiritismo es considerado como la tercera de las grandes revelaciones. (Allan Kardec, El Génesis).

El Espiritismo nace dentro de la tradición judeocristiana, tradición que parte de la revelación de Moisés y sigue con las enseñanzas de Cristo La primera revelación fue la de Moisés. La segunda, la de Cristo.

 Moisés, como profeta, reveló a los hombres la existencia de un Dios único, Señor soberano y creador de todas las cosas. Promulgó la ley del Sinaí y creó las bases de la fe verdadera. Como hombre, fue el legislador de su pueblo. La fe primitiva de ese pueblo, al depurarse, habría de expandirse por el mundo entero.
Cristo tomó de la antigua ley lo que es eterno y divino y desechó lo que sólo era transitorio, meramente disciplinario y de hechura humana, y agregó la revelación de la vida futura, aquella de la que Moisés no había hablado, la relacionada con las penas y recompensas que esperan al hombre después de la muerte (Allan Kardec, El Génesis).

La tercera revelación, es la revelación de los Espíritus. Las dos primeras revelaciones fueron individuales, la tercera es colectiva. En el Espiritismo no hay un profeta exclusivo. La revelación fue hecha simultáneamente a través de numerosos médiums de distinta condición y en distintos lugares. Esta revelación de los Espíritus nos trae nuevas enseñanzas para completar y continuar nuestro camino. Y seguirán trayéndolas en el futuro. La revelación espírita no ha terminado, es una revelación progresiva. Los Espíritus siguen comunicándose con nosotros, y el camino sigue abierto para nuevas aportaciones en el futuro. A medida que el ser humano esté preparado va recibiendo nuevos conocimientos.

¿Por qué se llama al Espiritismo el Consolador Prometido?

Jesús prometió la llegada de un Consolador que vendrá a enseñar y a recordar las palabras de Jesús y su Evangelio.

 Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de Verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni lo conoce. Pero vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. […] Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo he dicho” (San Juan, 14:15 a 17 y 26, y San Mateo, 17:11).

 Sabemos que en la elaboración de El Libro de los Espíritus y del resto de las obras de Allan Kardec se utilizaron numerosas comunicaciones de muchos Espíritus diferentes que colaboraron con sus testimonios y enseñanzas. Entre estas comunicaciones también encontramos al Espíritu de Verdad, que viene a recordarnos las palabras de Jesús. Algunas de sus comunicaciones están recogidas en El Evangelio según el Espiritismo:

Vengo, como en otro tiempo, entre los hijos descarriados de Israel, a traeros la verdad y a disipar las tinieblas. Escuchadme. El Espiritismo, como otras veces mi palabra, debe recordar a los incrédulos que sobre ellos reina la verdad inmutable, el Dios de bondad, el Dios grande que hace crecer la planta y levantar las olas. Yo revelé la doctrina divina; yo, como un segador, até en haces el bien esparcido por la humanidad, y dije: Venid a mí, vosotros los que sufrís. (…)
¡Espiritistas! amaos: he aquí el primer mandamiento; instruíos: he aquí el segundo. Todas las virtudes se encuentran en el Cristianismo; los errores que se han arraigado en él son de origen humano; y he aquí que desde más allá de la tumba donde creíais encontrar la nada, hay voces que os gritan: ¡Hermanos! nada perece: Jesucristo es el vencedor del mal; sed vosotros los vencedores de la impiedad. (El Espíritu de Verdad. París, 1860, El Evangelio según el Espiritismo)

 El Espíritu de Verdad viene a nosotros de nuevo a hablarnos como en otro tiempo hizo en Israel. Sus palabras sirvieron para recordar la verdad inmutable, el Dios de bondad. El Espíritu de Verdad anima al Espiritismo a que continúe con esta labor de recordar las enseñanzas de Jesús.

 El Espiritismo llega, en el tiempo señalado, para cumplir la promesa de Cristo: el Espíritu de Verdad preside su establecimiento. Llama a los hombres a la observancia de la ley. Enseña todas las cosas, haciendo que se comprenda aquello que Cristo sólo expresó por medio de parábolas. Dijo Jesús: “El que tiene oídos para oír, oiga”. El Espiritismo acude para abrir los ojos y los oídos, porque habla sin metáforas ni alegorías. Levanta el velo arrojado intencionadamente sobre ciertos misterios. Viene, en suma, a traer una suprema consolación a los desheredados de la Tierra y a todos aquellos que padecen, dando una causa justa y una finalidad útil a todos los dolores. (Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo).

Por esta labor de traer consuelo a la humanidad y de volver a recordarnos el Evangelio, la moral cristiana y las palabras de Jesús, el Espiritismo cumple la promesa de Cristo. Por eso, el Espiritismo cumple y realiza todo lo que Cristo dijo sobre el Consolador y se convierte para la humanidad de nuestros días en la Tierra, en el Consolador prometido por Jesús.

 

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Los principios básicos de la Doctrina Espírita

¿Qué nos transmiten los Espíritus a través de los médiums? ¿Cuál es el contenido de estas enseñanzas que aparecen en El Libro de los Espíritus y el resto de las obras de Kardec? ¿Cuáles son los principios básicos de la doctrina espírita? ¿Cómo se establecen estos principios?

La parte filosófica de la doctrina espírita recoge el conocimiento del mundo espiritual que nos han transmitido los Espíritus. Gracias a sus testimonios y a las enseñanzas que nos hacen llegar podemos saber más sobre la realidad espiritual. La base de estos conocimientos está en que son numerosos los Espíritus que nos explican lo mismo a través de diferentes médiums. Los principios de la Doctrina Espírita se deducen de las enseñanzas comunes y de los testimonios que concuerdan por parte de la mayoría de los Espíritus.

A pesar de la intervención humana en la elaboración de esta Doctrina, la iniciativa pertenece a los Espíritus, pero no a uno en especial, ya que es el resultado de la enseñanza colectiva y concordante de muchos espíritus, puesto que si se basara en la doctrina de un espíritu no tendría otro valor que el de una opinión personal. El carácter esencial de la Doctrina y su existencia misma se basan en la uniformidad y la concordancia de la enseñanza. Por tanto, todo principio no general no puede considerarse parte integrante de la Doctrina, sino una simple opinión aislada de la cual el Espiritismo no se responsabiliza.
Es esa concordancia colectiva de opiniones, sometidas a la prueba de la lógica, la que otorga fuerza a la Doctrina Espírita y asegura su vigencia. (Allan Kardec, El Génesis)

Esta es la base sobre la que se apoya el Espiritismo para formular sus principios. Y los Espíritus que participaron en la formulación de estos principios fundamentales nos ofrecen sus consejos para la creación de estas bases doctrinales:

 “(…) Desde que aparezca una opinión nueva, por poco que la creáis dudosa, pasadla por el tamiz de la razón y de la lógica; lo que la razón y el buen sentido reprueban, rechazadlo con vigor; más vale rechazar diez verdades que admitir una sola mentira, una sola teoría falsa. En efecto, sobre esta teoría podéis edificar todo un sistema que se derrumbaría al primer soplo de la verdad como un monumento construido sobre la arena movediza, mientras que si hoy rechazáis ciertas verdades porque no se os demuestran lógica y claramente, muy pronto un hecho brusco o una demostración irrefutable vendrá a afirmaros en la autenticidad.” (Espíritu Erasto, Libro de los Médiums).

Podemos tener la confianza de que los principios básicos se han constituidos basándose en la mayor concordancia de las testimonios espirituales.

 La única garantía seria  de la enseñanza de los espíritus reside en la concordancia existente entre las revelaciones hechas en forma espontánea, con el concurso de un gran número de médiums que sean extraños entre sí y operen en diversos lugares. (Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo).

 La importancia de comprender

Todos los principios que la doctrina espírita expone no son dogmas, no son postulados que debemos creer y aceptar mecánicamente. Debemos acercarnos a estos principios con nuestra razón y con ánimo crítico. Debemos estudiarlo con sinceridad, buscando comprender los contenidos de la doctrina. La comprensión es la base para profundizar en el Espiritismo.

 Hemos de convenir, sin embargo, en que la resistencia del incrédulo muchas veces se debe menos a él mismo que a la forma en que le son presentadas las cosas. La fe requiere una base, y esa base es la comprensión acabada de lo que se debe creer. Para creer no basta ver, sino sobre todo comprender. La fe ciega no es ya de este siglo. Precisamente, el dogma de la fe ciega es el que produce en la hora actual mayor número de incrédulos. Porque quiere imponerse y exige al hombre que renuncie a una de sus más valiosas prerrogativas: el razonamiento y el libre albedrío. A esa clase de fe, sobre todo, se resiste el incrédulo, lo que pone una vez más de relieve la verdad de que la fe no se ordena. Puesto que tal fe no acepta presentar pruebas, deja en el Espíritu un vacío del que nace la duda. Contrariamente, la fe razonada, aquella que se apoya en los hechos y en la lógica, no deja tras de sí ninguna oscuridad: en determinado caso se cree porque se está seguro, y sólo se tiene esa seguridad cuando se ha comprendido. He aquí por qué la fe razonada no cede. Porque sólo es inquebrantable aquella fe que pueda mirar frente a frente a la razón en todas las edades de la Humanidad. (Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo).

Si no compartimos algún principio, porque no lo comprendemos bien o porque no nos sentimos identificados con ese principio, debemos seguir estudiando y profundizando en toda la doctrina, y aprovechar los otros contenidos que nos puedan ayudar en nuestra vida. Esos contenidos nos serán útiles para continuar nuestro camino en este momento.

¿Cuáles son estos principios básicos de la Doctrina Espírita?

Dios

Los Espíritus nos hablan de Dios. Nos dicen que todavía no podemos comprenderlo, pero nos explican que es nuestro Padre, que nos ama y nos cuida.

No nos está permitido adentrarnos en la naturaleza íntima de Dios. Para comprender a Dios nos falta el sentido que sólo se adquiere con la completa depuración del espíritu. (Allan Kardec, El Génesis).

Nuestra razón se empequeñece forzosamente ante estos problemas insondables. Dios existe. No dudamos un solo instante de ello. Es infinitamente justo y bueno: ésa es su esencia. Su acción todo lo abarca, lo comprendemos. No desea más que nuestro bien, por eso debemos confiar en Él: eso es lo principal. El resto puede esperar hasta que seamos dignos de comprenderlo. (Allan Kardec, El Génesis).

La inmortalidad del alma

Nuestra verdadera naturaleza es espiritual. Somos Espíritus Inmortales, creados por Dios. Tras nuestra experiencia en la Tierra, volveremos al mundo espiritual, que es nuestro verdadero hogar. Los Espíritus nos desvelan cómo es su día a día y nos describen cómo es la vida para ellos.

El libre albedrío y la ley de causa y efecto

A través de sus testimonios vemos cuáles son sus circunstancias personales tras su muerte y aprendemos que nuestro futuro espiritual depende de lo que hayamos sembrado y construido aquí en nuestras vidas en la Tierra. Nos explican que somos libres para tomar nuestras decisiones, pero también tendremos que asumir las consecuencias del camino que hayamos elegido, tanto en esta vida como cuando regresemos al mundo espiritual o en vidas posteriores.

Al estudiar a los espíritus, el hombre sabe que la felicidad o la desdicha en la vida espiritual son estados inherentes al grado de perfección o imperfección. Que cada cual sufre las consecuencias directas y naturales de sus errores, o, expresado de otra manera, que somos castigados por donde pecamos. Que las consecuencias duran tanto como la causa que las produjo y que el culpable sufriría eternamente si persistiese en el mal, pero que el sufrimiento cesa con el arrepentimiento y la reparación, y como depende de cada uno mejorar, todos pueden, en virtud de su albedrío, prolongar o abreviar sus sufrimientos, como el enfermo sufre por sus excesos hasta tanto no les ponga término.
La razón rechaza, como incompatible con la bondad divina, la idea de las penas irremisibles, perpetuas y absolutas, a menudo infligidas como castigo por una única falta, así como aquella otra que nos dice que ni siquiera el arrepentimiento más sincero y ardiente puede suavizar los suplicios del infierno. Pero se inclina ante la justicia distributiva e imparcial que todo lo considera, que nunca cierra la puerta al que desea entrar y que tiende siempre las manos al náufrago en vez de empujarlo al abismo. (Allan Kardec, El Génesis).

La Reencarnación

Los Espíritus nos enseñan que el ser humano va atravesando numerosas existencias que le sirven de aprendizaje y de medio de perfeccionamiento moral y espiritual. La evolución que cada uno de nosotros tenemos que realizar para conseguir la evolución moral e intelectual no es posible en una vida, sino que se realiza en múltiples vidas.

La vida es un camino de evolución, una escuela en la que aprendemos gracias a las dificultades y a los retos que se nos presentan para que podamos progresar. En cada existencia recogemos el fruto de nuestras vidas pasadas, y vamos sembrando las semillas para nuestras próximas vidas. Solo así podemos entender la diversidad de situaciones por las que el ser humano atraviesa: de salud o enfermedad, de riqueza o pobreza, situaciones de alegría o de dolor… Con todas estas experiencias aprendemos y seguimos nuestro camino de progreso espiritual.

Mediante esta ley, el hombre se explica todas las anomalías aparentes que presenta la vida humana: las diferentes de posición social, las muertes prematuras que, sin la reencarnación, convertirían una vida abreviada en algo inútil para el alma. La desigualdad de aptitudes intelectuales y morales se resuelve también, si entendemos que todos los espíritus no tienen la misma antigüedad, que algunos han aprendido y progresado más, razón por la cual, al nacer, traen lo adquirido en existencias anteriores. (Allan Kardec, El Génesis).

La comunicación con el mundo espiritual

Pasamos de la vida terrena a la espiritual y regresamos a la terrena. En un ciclo de aprendizaje constante hacia la luz y la perfección espiritual.

La humanidad encarnada en la Tierra y la Humanidad Espiritual es una única humanidad que camina junta. Los que ahora nos encontramos en la Tierra y los que ahora se encuentran en el mundo espiritual somos hermanos de camino y quizá pronto nos encontremos en la situación opuesta: nosotros ya de regreso al mundo espiritual y ellos de regreso a la vida terrena. Juntos nos ayudamos y acompañamos en nuestro camino.

La comunicación entre los dos planos hace más presente para nosotros esta unión. Nuestros hermanos espirituales vienen hasta nosotros para poder hablarnos, nos guían y ayudan y podemos sentir más viva su presencia en nuestras vidas hasta que pronto nos unamos a ellos de nuevo.

Los Espíritus nos muestran la realidad de la comunicación entre los dos planos y además, nos explican cómo es posible la comunicación, cómo funciona la mediumnidad y cómo practicarla para que sea un camino de evolución espiritual y de ayuda a los demás.

La pluralidad de mundos habitados

Nuestro planeta no es una excepción en el Universo. La humanidad no está sola en su camino. Otros orbes también están habitados al igual que la Tierra, tanto en el plano físico como en el plano espiritual. En todos los planetas seguimos el mismo camino de evolución espiritual, aunque cada uno de ellos tiene un nivel evolutivo diferente. Algunos apenas acaban de empezar su proceso evolutivo y están más atrasados que la Tierra y otros están habitados por Espíritus altamente evolucionados.

Todos formamos una misma familia espiritual universal, hijos de un mismo Dios, y hermanos en la evolución.

Por las comunicaciones que el hombre puede establecer ahora con los seres que han abandonado la Tierra, el hombre tiene no solamente la prueba material de la existencia e individualidad del alma, sino que comprende la solidaridad que une a los vivos con los muertos de este planeta, y a los seres de este mundo con los habitantes de otros globos. Conoce la situación de los desencarnados en el mundo espiritual. Los sigue en sus migraciones, es testigo de sus alegrías y penas, y sabe por qué son felices o desgraciados y la suerte que les espera, según hayan hecho bien o mal. Esos contactos lo inician en la vida futura, puede observarla en todas sus fases y peripecias, el futuro ya no es una vaga esperanza, sino un hecho positivo, una certeza matemática. La muerte ya no tiene nada de terrorífico, es una liberación, la puerta que conduce a la verdadera vida. (Allan Kardec, El Génesis).

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