Las mesas giratorias

¿Qué pasó después de los fenómenos de Hydesville?¿Cómo se hicieron populares estos fenómenos?¿Qué son las “mesas giratorias”?¿Cómo se expandieron por todo el mundo?

Después de los incidentes que ocurrieron en la casa de Hydesville de los que hablamos en la clase anterior, Kate Fox fue enviada a vivir con su hermana en Rochester. Allí conoció al señor Isaac Post, que estaba interesado en continuar con el estudio de estos fenómenos y que creó un código de comunicación con el mundo espiritual a través de golpes y del alfabeto.

Uno de los primeros sistemas consistía en recitar el alfabeto y seleccionar las letras señaladas por un golpe. Por ejemplo, para deletrear el nombre de CHARLES, se comienza recitando el alfabeto y el espíritu tiene que dar un golpe cuando reciten la C, otro en la H, y después esperar que vuelvan a empezar otra vez con el alfabeto para golpear en la A y en la R; en la tercera vuelta, la L y en la cuarta la E y la S. A este sistema se le llamó “telegrafía espiritual”, por su similitud con el reciente invento de la telegrafía. Se comenzaron a realizar reuniones en la casa de los Post utilizando este sistema y comenzaron a recibirse mensajes. El primer mensaje que se recibió en su casa fue “We are all your dear friend and relatives”, “Nosotros somos todos vuestros queridos amigos y familiares”. Así, los golpes que al principio eran aleatorios, servían ahora para comunicarse.

Una característica muy importante de esta primera etapa es que se convirtió en una experiencia privada muy popular, las familias y los grupos de amigos se reunían para intentar realizar este tipo de experiencias en sus propios hogares, al igual que se realizaban en la casa de la familia Post.  Además, los golpes que al principio sonaban en las puertas, las paredes o en cualquier mueble, pasaron a localizarse preferentemente en las mesas de la sala de estar o del comedor de las casas.

En estos primeros momentos los experimentos con las mesas se centraron principalmente en obtener fenómenos físicos, sobre todo, en obtener el movimiento de las mesas. A la gente le llamaba especialmente la atención que las mesas “cobrasen vida”. Aunque sin conocer cuál era el mecanismo que estaba detrás de este movimiento, la gente estaba interesada en realizar los experimentos. Se suponía que alguna fuerza extraña, como el magnetismo o la electricidad que tanto se estaban estudiando en aquellos momentos eran los responsables de estos fenómenos físicos. Las “mesas giratorias” o “mesas danzantes” se convirtieron en una moda que se extendió muy rápidamente.

 Las mesas giratorias llegan a Europa

En sólo cinco años llegó de Estados Unidos a Europa. A principios de abril de 1853 los periódicos alemanes comenzaron a publicar noticias sobre los fenómenos que ocurrían con las mesas. Se decía que un comerciante de Nueva York había enviado a su hermano que vivía en Alemania unas instrucciones para reproducir las manifestaciones físicas que eran tan comunes en América. Se trataba de hacer girar y mover una mesa, o cualquier otro objeto. Tres o más personas se ponían alrededor de la mesa, con las manos sobre la superficie, tocándose solamente con los meñiques entrelazados. Así se formaba una cadena y al cabo de un tiempo la mesa empezaba a oscilar primero y luego a girar a toda velocidad, arrastrando incluso a las personas que formaban la cadena.

Los periódicos alemanes y luego los franceses dieron noticias sobre ello, y a partir de ahí se extendió por toda Europa occidental, incluida España. Tanto en los salones de la aristocracia como en los hogares más humildes la gente formó corros, cruzó los meñiques y se dispuso a mover mesas. Y en la prensa aparecían noticias de estas experiencias que se desarrollaban en todas partes.

Vamos a reproducir un texto que nos narra cómo incluso la reina Isabel II y la familia real asistieron también a estos experimentos. Se encontraban en su residencia de verano en Aranjuez. Una familia que vivía allí había tenido éxito realizando estos fenómenos, y la reina Isabel II quiso que los repitieran la noche siguiente para ella. Así nos lo narra Gutiérrez de la Vega en “Las ciencias a tiro de beso: de cómo el magnetismo, la electricidad y otras cosas como estas han venido a sustituir a los juegos de prendas en sociedad, y del furor que tal entretenimiento está haciendo en los círculos de esta coronada villa”, publicado en El Heraldo Médico, el 19 de mayo de 1853:

 “Habiéndose hecho con tanto felicidad, en la noche del 8 [de mayo de 1853], por una familia residente hoy en Aranjuez, los experimentos magnéticos (…) S.M. la reina Isabel, que supo a los pocos momentos su buen éxito, quiso presenciar su repetición al día siguiente 9. En ese día por la mañana ya las mismas personas del 8 habían descubierto la aplicación feliz a otros muchos objetos además de las mesas y principalmente al cuerpo humano. Para presenciar todo esto, S.M. la reina Isabel, S.M. el Rey y S.A.R. la Serenísima Sra. Princesa de Asturias, con sus respectivas servidumbres, fueron a las 5 de la tarde a la casa de recreo, llamada del Labrador, adonde concurrió también, por invitación de su augusta hija, S.M. la Reina Madre, acompañada de sus dos hijas mayores y del Dr. Rubio. Por altos miramientos y precaución prudentísima no tomaron parte alguna, ni la más mínima, en estos experimentos, ni S.M. la reina Isabel, ni el ama de cría de la augusta Princesa. Todo se hizo por los demás circunstantes, teniendo S.M. la dignación de llamar a su presencia a los caballerizos de campo y oficiales de las escoltas para que viesen lo que nunca habían visto o experimentasen en sí mismos los efectos de la cadena magnética que sobre ellos hacían sus compañeros. La marcha de progresión en ambos rumbos, como el girar de las mesas, como la aplicación de la cadena al cuerpo humano y, en suma, cuantas tentativas se hicieron tuvieron el éxito más completo. SS.MM. se retiraron a su real palacio agradablemente sorprendidos ya bien entrada la noche”.

Los experimentos continuaron y se sofisticaron. Se hacía a las mesas girar, pero también bailaban, levitaban y respondían a las preguntas que se les hacía. Primero, respondiendo “sí” o “no” con uno o dos golpes en el suelo con una pata. Después, utilizando códigos cada vez más complejos “las mesas” empezaron a mandar mensajes a través de los golpes. Uno de los sistemas era el de Post, se recitaba un alfabeto y la mesa golpeaba el suelo al llegar a la letra deseada.

Para intentar mejorar este sistema, se inventó el “psicógrafo”. Consistía en un tablero con las el alfabeto pintado, se movía un puntero por encima del tablero hasta que se oía el golpe de la pata de la mesa para señalar una letra. Más adelante, los tableros se independizarían de las mesas, y serían el propio puntero el que se dirigía las manos hasta la letra indicada, pensando que eran las mismas fuerzas que levantaban la mesa para que diera un golpe en el suelo las que movían el puntero. Este es el origen de la popular “ouija” y que proviene directamente de los populares juegos de salón con las mesas.

En la próxima clase hablaremos de cómo el fenómeno de “las mesas giratorias” llegó a oídos del profesor Rivail por medio de un amigo y a partir de entonces se volcó en el estudio de tales fenómenos.

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