Los principios básicos de la Doctrina Espírita

¿Qué nos transmiten los Espíritus a través de los médiums? ¿Cuál es el contenido de estas enseñanzas que aparecen en El Libro de los Espíritus y el resto de las obras de Kardec? ¿Cuáles son los principios básicos de la doctrina espírita? ¿Cómo se establecen estos principios?

La parte filosófica de la doctrina espírita recoge el conocimiento del mundo espiritual que nos han transmitido los Espíritus. Gracias a sus testimonios y a las enseñanzas que nos hacen llegar podemos saber más sobre la realidad espiritual. La base de estos conocimientos está en que son numerosos los Espíritus que nos explican lo mismo a través de diferentes médiums. Los principios de la Doctrina Espírita se deducen de las enseñanzas comunes y de los testimonios que concuerdan por parte de la mayoría de los Espíritus.

A pesar de la intervención humana en la elaboración de esta Doctrina, la iniciativa pertenece a los Espíritus, pero no a uno en especial, ya que es el resultado de la enseñanza colectiva y concordante de muchos espíritus, puesto que si se basara en la doctrina de un espíritu no tendría otro valor que el de una opinión personal. El carácter esencial de la Doctrina y su existencia misma se basan en la uniformidad y la concordancia de la enseñanza. Por tanto, todo principio no general no puede considerarse parte integrante de la Doctrina, sino una simple opinión aislada de la cual el Espiritismo no se responsabiliza.
Es esa concordancia colectiva de opiniones, sometidas a la prueba de la lógica, la que otorga fuerza a la Doctrina Espírita y asegura su vigencia. (Allan Kardec, El Génesis)

Esta es la base sobre la que se apoya el Espiritismo para formular sus principios. Y los Espíritus que participaron en la formulación de estos principios fundamentales nos ofrecen sus consejos para la creación de estas bases doctrinales:

 “(…) Desde que aparezca una opinión nueva, por poco que la creáis dudosa, pasadla por el tamiz de la razón y de la lógica; lo que la razón y el buen sentido reprueban, rechazadlo con vigor; más vale rechazar diez verdades que admitir una sola mentira, una sola teoría falsa. En efecto, sobre esta teoría podéis edificar todo un sistema que se derrumbaría al primer soplo de la verdad como un monumento construido sobre la arena movediza, mientras que si hoy rechazáis ciertas verdades porque no se os demuestran lógica y claramente, muy pronto un hecho brusco o una demostración irrefutable vendrá a afirmaros en la autenticidad.” (Espíritu Erasto, Libro de los Médiums).

Podemos tener la confianza de que los principios básicos se han constituidos basándose en la mayor concordancia de las testimonios espirituales.

 La única garantía seria  de la enseñanza de los espíritus reside en la concordancia existente entre las revelaciones hechas en forma espontánea, con el concurso de un gran número de médiums que sean extraños entre sí y operen en diversos lugares. (Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo).

 La importancia de comprender

Todos los principios que la doctrina espírita expone no son dogmas, no son postulados que debemos creer y aceptar mecánicamente. Debemos acercarnos a estos principios con nuestra razón y con ánimo crítico. Debemos estudiarlo con sinceridad, buscando comprender los contenidos de la doctrina. La comprensión es la base para profundizar en el Espiritismo.

 Hemos de convenir, sin embargo, en que la resistencia del incrédulo muchas veces se debe menos a él mismo que a la forma en que le son presentadas las cosas. La fe requiere una base, y esa base es la comprensión acabada de lo que se debe creer. Para creer no basta ver, sino sobre todo comprender. La fe ciega no es ya de este siglo. Precisamente, el dogma de la fe ciega es el que produce en la hora actual mayor número de incrédulos. Porque quiere imponerse y exige al hombre que renuncie a una de sus más valiosas prerrogativas: el razonamiento y el libre albedrío. A esa clase de fe, sobre todo, se resiste el incrédulo, lo que pone una vez más de relieve la verdad de que la fe no se ordena. Puesto que tal fe no acepta presentar pruebas, deja en el Espíritu un vacío del que nace la duda. Contrariamente, la fe razonada, aquella que se apoya en los hechos y en la lógica, no deja tras de sí ninguna oscuridad: en determinado caso se cree porque se está seguro, y sólo se tiene esa seguridad cuando se ha comprendido. He aquí por qué la fe razonada no cede. Porque sólo es inquebrantable aquella fe que pueda mirar frente a frente a la razón en todas las edades de la Humanidad. (Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo).

Si no compartimos algún principio, porque no lo comprendemos bien o porque no nos sentimos identificados con ese principio, debemos seguir estudiando y profundizando en toda la doctrina, y aprovechar los otros contenidos que nos puedan ayudar en nuestra vida. Esos contenidos nos serán útiles para continuar nuestro camino en este momento.

¿Cuáles son estos principios básicos de la Doctrina Espírita?

Dios

Los Espíritus nos hablan de Dios. Nos dicen que todavía no podemos comprenderlo, pero nos explican que es nuestro Padre, que nos ama y nos cuida.

No nos está permitido adentrarnos en la naturaleza íntima de Dios. Para comprender a Dios nos falta el sentido que sólo se adquiere con la completa depuración del espíritu. (Allan Kardec, El Génesis).

Nuestra razón se empequeñece forzosamente ante estos problemas insondables. Dios existe. No dudamos un solo instante de ello. Es infinitamente justo y bueno: ésa es su esencia. Su acción todo lo abarca, lo comprendemos. No desea más que nuestro bien, por eso debemos confiar en Él: eso es lo principal. El resto puede esperar hasta que seamos dignos de comprenderlo. (Allan Kardec, El Génesis).

La inmortalidad del alma

Nuestra verdadera naturaleza es espiritual. Somos Espíritus Inmortales, creados por Dios. Tras nuestra experiencia en la Tierra, volveremos al mundo espiritual, que es nuestro verdadero hogar. Los Espíritus nos desvelan cómo es su día a día y nos describen cómo es la vida para ellos.

El libre albedrío y la ley de causa y efecto

A través de sus testimonios vemos cuáles son sus circunstancias personales tras su muerte y aprendemos que nuestro futuro espiritual depende de lo que hayamos sembrado y construido aquí en nuestras vidas en la Tierra. Nos explican que somos libres para tomar nuestras decisiones, pero también tendremos que asumir las consecuencias del camino que hayamos elegido, tanto en esta vida como cuando regresemos al mundo espiritual o en vidas posteriores.

Al estudiar a los espíritus, el hombre sabe que la felicidad o la desdicha en la vida espiritual son estados inherentes al grado de perfección o imperfección. Que cada cual sufre las consecuencias directas y naturales de sus errores, o, expresado de otra manera, que somos castigados por donde pecamos. Que las consecuencias duran tanto como la causa que las produjo y que el culpable sufriría eternamente si persistiese en el mal, pero que el sufrimiento cesa con el arrepentimiento y la reparación, y como depende de cada uno mejorar, todos pueden, en virtud de su albedrío, prolongar o abreviar sus sufrimientos, como el enfermo sufre por sus excesos hasta tanto no les ponga término.
La razón rechaza, como incompatible con la bondad divina, la idea de las penas irremisibles, perpetuas y absolutas, a menudo infligidas como castigo por una única falta, así como aquella otra que nos dice que ni siquiera el arrepentimiento más sincero y ardiente puede suavizar los suplicios del infierno. Pero se inclina ante la justicia distributiva e imparcial que todo lo considera, que nunca cierra la puerta al que desea entrar y que tiende siempre las manos al náufrago en vez de empujarlo al abismo. (Allan Kardec, El Génesis).

La Reencarnación

Los Espíritus nos enseñan que el ser humano va atravesando numerosas existencias que le sirven de aprendizaje y de medio de perfeccionamiento moral y espiritual. La evolución que cada uno de nosotros tenemos que realizar para conseguir la evolución moral e intelectual no es posible en una vida, sino que se realiza en múltiples vidas.

La vida es un camino de evolución, una escuela en la que aprendemos gracias a las dificultades y a los retos que se nos presentan para que podamos progresar. En cada existencia recogemos el fruto de nuestras vidas pasadas, y vamos sembrando las semillas para nuestras próximas vidas. Solo así podemos entender la diversidad de situaciones por las que el ser humano atraviesa: de salud o enfermedad, de riqueza o pobreza, situaciones de alegría o de dolor… Con todas estas experiencias aprendemos y seguimos nuestro camino de progreso espiritual.

Mediante esta ley, el hombre se explica todas las anomalías aparentes que presenta la vida humana: las diferentes de posición social, las muertes prematuras que, sin la reencarnación, convertirían una vida abreviada en algo inútil para el alma. La desigualdad de aptitudes intelectuales y morales se resuelve también, si entendemos que todos los espíritus no tienen la misma antigüedad, que algunos han aprendido y progresado más, razón por la cual, al nacer, traen lo adquirido en existencias anteriores. (Allan Kardec, El Génesis).

La comunicación con el mundo espiritual

Pasamos de la vida terrena a la espiritual y regresamos a la terrena. En un ciclo de aprendizaje constante hacia la luz y la perfección espiritual.

La humanidad encarnada en la Tierra y la Humanidad Espiritual es una única humanidad que camina junta. Los que ahora nos encontramos en la Tierra y los que ahora se encuentran en el mundo espiritual somos hermanos de camino y quizá pronto nos encontremos en la situación opuesta: nosotros ya de regreso al mundo espiritual y ellos de regreso a la vida terrena. Juntos nos ayudamos y acompañamos en nuestro camino.

La comunicación entre los dos planos hace más presente para nosotros esta unión. Nuestros hermanos espirituales vienen hasta nosotros para poder hablarnos, nos guían y ayudan y podemos sentir más viva su presencia en nuestras vidas hasta que pronto nos unamos a ellos de nuevo.

Los Espíritus nos muestran la realidad de la comunicación entre los dos planos y además, nos explican cómo es posible la comunicación, cómo funciona la mediumnidad y cómo practicarla para que sea un camino de evolución espiritual y de ayuda a los demás.

La pluralidad de mundos habitados

Nuestro planeta no es una excepción en el Universo. La humanidad no está sola en su camino. Otros orbes también están habitados al igual que la Tierra, tanto en el plano físico como en el plano espiritual. En todos los planetas seguimos el mismo camino de evolución espiritual, aunque cada uno de ellos tiene un nivel evolutivo diferente. Algunos apenas acaban de empezar su proceso evolutivo y están más atrasados que la Tierra y otros están habitados por Espíritus altamente evolucionados.

Todos formamos una misma familia espiritual universal, hijos de un mismo Dios, y hermanos en la evolución.

Por las comunicaciones que el hombre puede establecer ahora con los seres que han abandonado la Tierra, el hombre tiene no solamente la prueba material de la existencia e individualidad del alma, sino que comprende la solidaridad que une a los vivos con los muertos de este planeta, y a los seres de este mundo con los habitantes de otros globos. Conoce la situación de los desencarnados en el mundo espiritual. Los sigue en sus migraciones, es testigo de sus alegrías y penas, y sabe por qué son felices o desgraciados y la suerte que les espera, según hayan hecho bien o mal. Esos contactos lo inician en la vida futura, puede observarla en todas sus fases y peripecias, el futuro ya no es una vaga esperanza, sino un hecho positivo, una certeza matemática. La muerte ya no tiene nada de terrorífico, es una liberación, la puerta que conduce a la verdadera vida. (Allan Kardec, El Génesis).

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